
¿Alguna vez han escuchado que alguien diga: “Deseo que recibas todo lo que te mereces”?
Confieso que, durante mucho tiempo, ese deseo me parecía demasiado fuerte. Aunque naciera de buenas intenciones, me sonaba ofensivo, incluso hiriente. Lo sentía más como una sentencia que como una muestra de cariño.
Creo que, a la fecha, en el fondo lo sigo viendo así… pero hoy entiendo que, en realidad, es una de las declaraciones más honestas que existen.
Somos merecedores de todo por lo que hemos trabajado, de todo lo que hemos creído y creado.
Nos merecemos todo por lo que hemos luchado.
Para bien o para mal…
Hoy vivimos en un mundo que habla constantemente de amor propio, sanación y merecimientos, como si fueran ingredientes de una receta que nos llevará directo a la perfección y a la felicidad perpetua.
Y qué equivocados estamos…
Nada es lineal, todo tiene cambios y requiere movimientos, ajustes, congruencia, reciprocidad.
Hay días buenos y malos. Hay historias que no tienen un final feliz, pero sí mucho aprendizaje. Nuestra vida requiere esfuerzo y trabajo. Aunque a algunos se nos olvida.
Un claro ejemplo es que en ocasiones queremos que nos amen, sin aprender a amarnos nosotros primero para poder amar correctamente.
Es como si quisiéramos, sacarnos la lotería sin comprar boleto.
Y claro que nos merecemos todo… Nos merecemos lo mejor del mundo, siempre y cuando nos aferremos a trabajar por ello.
Si no, lo único que sucederá es que estaremos frustrados si no se da.
Nuestra historia está escrita para ser maravillosa. Y se nos dará lo necesario para que así sea. Sin duda nos merecemos una historia plena. Manifestemos que sea genial.
Sólo recordemos que manifestar no es solamente decir: “merezco ser exitos@, feliz, en plenitud y en amor”.
La manifestación no responde a palabras, responde a la energía. Y eso lo he aprendido a golpe y porrazo.
Yo me preguntaba:
¿Por qué no funciona si he pedido al universo y he orado a Dios para que todo se componga?
La respuesta estaba dentro de mí.
Por dentro vivía muerta de miedo, sin una pizca de creencia de que alguien me escuchara o de que todo pudiera hacerse realidad.
Tampoco les presumiré que todo se ha compuesto; para nada. Pero ahora sé que, aunque las cosas no sucedan como esperamos o volvamos a caer, no siempre es algo malo.
A veces estar tirado en el suelo sirve para ver las estrellas, para descansar… o para entender que tu historia puede ser mejor, si tan solo dejas que suceda.
.
Y si hoy estás leyendo esto desde el cansancio, desde la duda o desde una caída reciente, quiero que sepas algo: no llegaste tarde, no fallaste, no estás roto. Estás en proceso. Y eso también cuenta.
.
El secreto no está en que cambie lo de afuera. El verdadero secreto es cambiar uno por dentro. Y es ahí donde todo, poco a poco, empieza a cambiar de verdad.
Hoy entiendo que vibrar alto es enfocar toda tu energía hacia un objetivo.
Les daré un ejemplo extraño:
¿Alguna vez han visto que a alguien “malo”, o que hace cosas malas, todo le sale bien?
Hasta parece injusto. Uno siendo honesta y “buena”, y nada más no le funcionan las cosas. Mientras quien no tiene empacho en herir, lastimar o tomar caminos no tan correctos, pareciera que siempre le va bien.
El porqué es sencillo: esas personas jamás sienten que estén haciendo algo malo y están completamente convencidas de que lograrán lo que buscan. Confían tanto en ello y trabajan con tal determinación, que terminan alcanzando muchos de sus objetivos.
Punto importante aquí: al final siempre gana el bien. Siempre. Se los prometo.
Lo interesante de todo esto es:
Sí, hay que manifestar y confiar en que todo lo bueno llegará a nosotros con facilidad, gloria y gozo… siempre y cuando vibremos en esa sintonía y trabajemos por ello.
Sí , puedes pedir incluso lo imposible, todo puede ser posible si crees en ti y enfocas todo hacia ese camino:
tus pensamientos, tu energía, tu trabajo, tu amor, tu ser completo.
¿Qué todo se nos dará? No te lo puedo asegurar.
Pero sí puedo decirte que lo anterior nos acerca mucho a lo que buscamos.
Quizá no existen fórmulas mágicas, pero sí pequeños recordatorios que pueden ayudarnos a caminar con más conciencia:
• Revisa si lo que estás pidiendo también estás dispuesto(a) a trabajarlo.
• Cuida tu energía tanto como cuidas tus palabras.
• No te castigues cuando avances lento; ir despacio también es avanzar.
• Ama bien, incluso cuando no te amen como esperas.
• Confía… pero confía haciendo tu parte.
No se trata de merecer por decreto, sino de construir, paso a paso, aquello que anhelamos.
Y lo más importante:
Vive por tus sueños, pero no te encadenes a ellos.
Deja siempre una puerta abierta, porque te aseguro que Dios (o en quien creas) tiene una historia mejor que la nuestra.
Cuando nos aferramos demasiado a algo, la frustración por no lograrlo puede ser terrible.
Quizá estamos esperando un chocolate… y la vida quiere darnos la dulcería entera. Pero por aferrados, ni el chocolate ni la dulcería.
Y tampoco desees la vida de alguien más. Puedes llevarte desagradables sorpresas, porque su realidad quizá no te guste tanto.
Yo no suelo compararme con nadie. Lo viví durante mucho tiempo y me prometí jamás hacérmelo yo. Por eso me aferro a esta creencia:
No envidies la cruz de alguien más; no sabes realmente cuánto pesa.
A veces vemos la vida de otros y decimos:
“¿De qué se puede quejar, si no sufre?”
Y qué equivocados estamos. Solo vemos lo que para nosotros es importante, no el trasfondo de lo que realmente es.
O como diría mi madre:
Nadie sabe lo que tiene la olla, más que la cuchara.
Y pasa incluso con nosotros. Aunque no lo creamos, habrá quien desee nuestra vida, porque no ve lo que nosotros sí. O quizá, porque ellos logran ver mejor lo que nosotros no, por estar enfocados únicamente en lo malo.
Así que la vida es buena, te lo aseguro. Aun con todas sus complejidades, con la maravilla del día y la magia de la noche
Sólo que sí requiere de tu trabajo, tu pasión y tu alegría. Y, sobre todo, requiere que la vivas.
Tal vez no tengamos todas las respuestas, ni la vida resuelta, ni el camino claro. Pero seguimos aquí. Sintiendo, intentando, aprendiendo. Y solo por eso, ya merecemos tratarnos con más amor.
Porque la felicidad no es un premio ni una meta lejana. Es un derecho que se construye todos los días, aun con miedo, con dudas y con cicatrices…
Y nos merecemos ser felices.
Yo deseo para ti todo lo bueno que te mereces, y que tus más grandes sueños se conviertan en una hermosa realidad.
Gracias siempre por ser parte de todo ésto.
Gracias por apoyar este sueño que parecía una locura y hoy me hace inmensamente feliz 💝
Gracias por todo y por tanto.
Felices fiestas 🎄🎁✨
Con mucho cariño,
María 📚❤️✨🍀
Sígueme también en redes sociales 🙏🏼:
Deja un comentario