
¿Qué te tiene que pasar?
Una pregunta que parece una amenaza, pero que en realidad debería ser un recordatorio de que lo que hoy tienes merece ser agradecido y aunque no sea lo único que habrá… aun así, ya es suficiente.
Que no esperemos a que suceda algo. Porque a casi todos nos cambia: una pérdida, un fracaso, un susto. La pregunta es si de verdad tiene que doler tanto para aprender.
El dolor sin duda enseña. A lo largo de toda mi vida laboral, he escuchado un sinnúmero de historias donde, curiosamente, hay una constante: eso que creíamos que era lo peor que podía pasarnos terminó siendo el mejor de los aprendizajes.
O como decía mi maestra de taquimecanografía: “Hoy me odian y creen que soy la peor, pero algún día agradecerán que sea tan exigente, porque les aseguro que aprenderán .”
Y tenía razón. Años después confirmé que, además de mis amigos, la mecanografía fue de lo mejor que me quedó de esa etapa.
También lo entendí cuando terminé mi trabajo en una empresa grande. Estaba muy triste y creí que no habría más. Después me di cuenta de que el mundo me estaba esperando. Les aseguro que, sin presumir, a partir de ahí, he vivido algunas de las mejores historias que se puedan imaginar.
No estoy romantizando el dolor ni la tristeza, de verdad que no. Sé cuánto duele estar ahí. En realidad, también es un recordatorio para mí, de que al igual que la mayoría, he salido de peores y al final, todo ha estado bien… siempre vuelve a estar bien. Y de esta también saldremos.
Porque si hacemos memoria de nuestra vida y somos honestos, nos daremos cuenta de que todo se soluciona. Que incluso en la noche más oscura, la luna o las estrellas suelen brillar.
Todo tiene un para qué, aunque a veces no lo entendamos o tengamos ganas de maldecirlo. Siempre hay un motivo, uno que con el tiempo nos enseña que todo ha valido la pena y ha servido.
Sé que no es sencillo ni simple. Porque si a la vida le pides paciencia, no te dirá: toma ahí esta. Ella te presentará momentos para serlo. Y con el tiempo te darás cuenta que la está obteniendo.
Porque aun lo más difícil que podamos estar viviendo no es castigo ni justicia divina. Es aprendizaje, es crecimiento, es sanación… es ser. A los buenos también les pasan cosas malas.
Y hay que afrontarlo así, con valor:
Hay que ser valiente, y si uno no lo es, hay que fingir que sí.
Así que no esperemos a que nos pase algo para darnos cuenta de lo que realmente vale la pena. Y de lo que ya tenemos.
No perdamos a la gente que amamos para entender que sí los amábamos. Que no sea tarde cuando nos demos cuenta de que los lugares no se hacen favoritos solo por existir, sino por quién nos acompañó en ellos.
No olvidemos aquello por lo que tanto rogamos y hoy ya tenemos. Mientras lo tengamos, valoremos lo que costó.
Hace unos días, uno de mis mejores amigos me dijo por teléfono:
—Hermanita, hace mucho frío. No tenía ganas de venir a trabajar.
Y le respondí:
—¿Recuerdas cuando le pedías a Dios tener un trabajo?
Sonrió y dijo:
—Espero no olvidarlo nunca. Seguiré dando gracias.
Eso no le quitó el frío, obviamente, pero le devolvió el foco a lo que importaba.
Yo creo que sí hay aprendizaje sin dolor. Que se puede avanzar sin esperar a que algo tenga que pasar. Que también se puede aprender desde el amor y la paz, pero eso requiere trabajar —mucho— en nosotros mismos.
No hay que perder algo para valorarlo, ni perdernos para amarnos.
Entonces:
¿Qué te tiene que pasar para que te elijas sin culpa?
¿Qué te tiene que pasar para dejar de normalizar el cansancio del alma?
¿Qué te tiene que pasar para entender que no todo se aguanta?
¿Qué te tiene que pasar para aceptar que eres suficiente?
¿Qué te tiene que pasar para darte cuenta de que hay que valorar lo que ya tienes?
Hay ocasiones en las que no es necesario esperar a tocar fondo. Es necesario dejar de cavar.
Porque quizá lo que tenía que pasar ya pasó y seguimos tan enfocados en la herida, o con el miedo de que algo malo vuelva a suceder, que se nos olvida que ya no necesitamos seguir nadando. Quizá ya llegamos a la orilla.
La vida duele… sí.
Pero también es increíblemente genial. Y si la vivimos bien, con eso es suficiente.
Como dice una frase que me encanta:
La vida no se cuenta por las veces que respiramos, sino por los momentos que nos cortan el aliento.
La vida no tiene manuales ni pautas. Simplemente hay que vivirla, tener mucha fe, creer en ti y en Dios (o como tú le llames); permitir que en alguna ocasión se rompa, para sonstener únicamente lo que importa. Amar de verdad y…
Que pase lo que tenga que pasar.
Como siempre gracias por leerme, gracias por compartir, por comentar, por seguir aquí y por demostrarme que son la mejor compañía.
Gracias por todo y por tanto.
Les recuerdo de mi librito y que aquí lo pueden conseguir 👇🏽
Gracias por el apoyo. Bendiciones y un abrazo grande.
Con Cariño
María 📚❤️🍀🕯️✨🙏🏽
Sígueme también en redes sociales 🙏🏽

















