Una vida que se permite ser tocada por el amor, jamás queda intacta.

¿Crees en el amor?


No es una pregunta ligera. En realidad es de esas que te transforma, porque te da la oportunidad de evaluar tus creencias. Y una que varias veces me han hecho y que siempre, aunque en diferentes tonos, he respondido que sí.


Pero esta última vez me di cuenta de algo distinto: la respuesta siempre ha estado ahí, en la pregunta misma.

.

El amor no empieza en lo que sentimos, empieza en lo que creemos.

En realidad el amor existe para quien decide creer en él.


Y es tan grandioso que estamos rodeados de el, en muchas formas.

Una de las más poderosas es la fe.


Ese amor que no se ve, pero se siente. Que se cree sin pruebas. El amor a Dios —o como tú lo llames— esa certeza silenciosa de que no estamos solos, de que hay algo más grande sosteniéndonos incluso cuando no entendemos nada.


También está el amor fraterno. Ese que no eliges, pero te elige. El de la familia que te forma, que muchas veces te rescata… y el de los amigos que se convierten en hogar.


Está también ese amor de novelas que te hace sentir mariposas, que te hace suspirar. O uno mejor, ese otro más maduro que no llega perfecto, pero llega dispuesto.


Porque no necesitas a alguien ya sanado. Necesitas a alguien que quiera sanar contigo. Que elija quedarse, incluso cuando todo esté complicado, cuando hasta tú quieres huir de ti mismo. Porque amar no es sencillo. Pero vale la pena.


Pero hay un amor que es el más fuerte. Del que todo depende. El que te sostiene en los peores momentos.  El amor propio.


Ese amor que te muestra que no eres un ser incompleto, que no necesitas una media naranja. Que no requieres alguien para «ser feliz».  Necesitas un compañero (a) para estar mejor, no alguien que te complete.

Que aporte, no que reste.

Por eso hay que amarse mucho, para saber cómo queremos que nos amen. ¿Cómo lo sabremos si no nos hemos amado antes? Ni sabremos amar, si no lo hemos sentido en realidad.


Cuando te amas entiendes que no puedes pedir lo que no estás dispuesto a dar. Que no puedes exigir lo que no te ofreces. Ni aceptar menos de lo que eres y tú te puedes dar.


Hay que aprender a amarse tanto que sepas cuándo irte, pero sobre todo, ámate tanto que reconozcas cuándo vale la pena quedarte y luchar.


Amarse es permitirnos sentir. Porque diría mi abuela:

Lo peor que te puede pasar, no es que te rompan el corazón.  Lo peor es no usarlo por miedo a que lo hagan.


Sí, a veces amar duele.  Y quizá mantener el corazón guardado nos pone a salvo, pero usarlo es lo único que nos mantiene vivos; porque el mayor despliegue de valentía no es salir ilesos, sino aceptar el riesgo de ser heridos pero con la certeza de que seremos felices.

El único riesgo de usar el corazón en todo lo que haces y con todos los que amas es que descubrirás que lo más valioso de la vida se encuentra donde la razón no alcanza.

Usa el corazón. Y siempre da lo mejor de ti,

Te prometo que la vida devuelve y en grande.

Así que hoy, regálate la dicha de hacer algo por ti, dite algo bonito, cuídate, confía y cree más en ti. Y si puedes, haz lo mismo con alguien más.


No olvides que somos el resultado de quienes nos amaron… y de cuánto nos atrevimos a amar.

No tengas miedo de usar el corazón y de amar. Ten miedo de no hacerlo.



Gracias por seguir leyéndome, por compartir, por ser parte de esta gran aventura.

Gracias por todo y por tanto. Y deseo que el amor que den, les sea devuelto al doble. Porque cuando se usa el corazón no existe ningún riesgo.

Un abrazo grande con cariño.

María 📚🍀💕✨

Sígueme también en redes sociales 🙏🏽

En mi tienda virtual puedes encontrar mi  primer librito digital «Las recetas de la abuela – para curar el alma».  Gracias por adquirirlo.  haz click aquí 👇🏽

(⁠◍⁠•⁠ᴗ⁠•⁠◍⁠)⁠✧⁠*⁠。

Posted in

Deja un comentario