
La semana pasada fue muy interesante. Me tocó platicar con varias personas por cuestiones de asesorías relacionadas con mi profesión, y también con una que otra persona que cree —de manera muy personal— que tengo algo bueno que decir. Y con todas esas historias me di cuenta de algo:
En los ojos de otros a veces descubrimos partes de nosotros que no sabíamos que estaban ahí.
Hubo una en especial, alguien que me buscó para contarme lo que estaba viviendo y tratar de encontrar una solución. Mientras me contaba su historia, sentí algo curioso: una mezcla entre familiaridad e incomodidad. Había algo en lo que decía que me resultaba demasiado conocido y sentí ese nudo en el estómago que aparece cuando te ponen un espejo enfrente y no te gusta del todo lo que ves.
Conforme la escuchaba, confirmé que estaba describiendo algo que yo misma había hecho alguna vez. De alguna manera me estaba reflejando en ella. Su postura era muy similar a la que yo tuve hace tiempo en una situación parecida. No diré si era correcta o no, ni contaré su historia porque no es relevante para lo que quiero compartir.
Lo importante es que por primera vez —aunque me hubiera gustado verlo antes— pude observar que mi versión de las cosas en ese momento no era del todo correcta.
Le platiqué sobre mi postura, lo que yo creía entonces y lo que hoy hubiera hecho diferente. Espero que mi historia le ayude a tomar una mejor decisión.
Como dicen en mi pueblo: ojalá pudiéramos escarmentar en cabeza ajena.
Le expliqué que en ese entonces hice lo que, según mi historia y mis creencias, era lo correcto. Aunque, siendo honesta, estaba aferrada a la idea de que no existía otro camino mejor que mi propia “verdad”.
Porque hay momentos en la vida en los que creemos defender lo correcto, cuando en realidad es nuestro ego el que está hablando.
Con el tiempo – y con los años- uno se da cuenta que existen varias versiones de una sola verdad.
Te pondré un ejemplo: si tú y yo estamos frente a frente y en el piso hay un número 6, yo veré un 6 y tú verás un 9. ¿Y sabes qué? Ambos tendremos razón.
Algo similar sucede con varias situaciones en la vida. El problema es que muchas veces no vemos con los ojos… vemos con las heridas. Y cuando vemos desde ahí, podemos interpretar algo completamente diferente a lo que ve la otra persona, incluso si se trata de alguien cercano.
A veces defendemos nuestra verdad con tanta fuerza que olvidamos que también es solo una perspectiva.
Lo que más me gustó de todo esto es darme cuenta de que, cuando estamos listos, la vida nos muestra —a través de otras personas— aquello que antes no pudimos ver en nosotros mismos.
Y no lo hace para juzgarnos ni para reprocharnos, sino para darnos la oportunidad de aprender. Y no repetirlo.
De ahí viene una frase que escuché hace poco: Todas las personas que llegan a tu vida, vienen a mostrarte algo. Son como espejos que reflejan partes que no siempre podemos ver.
Cuando algo que hace otra persona genera una reacción o incomodidad en nosotros —ya sea buena o mala— comúnmente tiene que ver con algo que también vive dentro de nosotros.
Nota importante: Aunque casi siempre lo que nos molesta de otros es un reflejo de algo que hay que trabajar en nosotros; no hay que olvidar que también hay pequeñas ocasiones en que no es algo que debamos sanar, es simplemente nuestra conciencia recordándonos lo que consideramos injusto.
Cuando nos damos la oportunidad de ver —y además trabajar— lo que otros nos muestran, podemos generar cambios muy importantes en nosotros mismos.
Hoy agradezco a la persona que me pidió apoyo, porque me dio la oportunidad de reconocer esa parte de mi historia y darme cuenta de que algunas cosas por las que antes peleaba y creía sumamente importantes, hoy ya no lo son tanto.
Y lo mejor de todo es que no solo pude ver aquello que hice, sino que lo vi sin reprocharme, sin lastimarme u ofenderme, porque entendí que lo hice con las herramientas que tenía en ese momento y está bien. Ahora sé que puede ser diferente.
Pero no todo es sobre lo malo. No olvidemos, que en ocasiones lo bueno que vemos en los demás también está dentro de nosotros… solo que aún no lo hemos reconocido del todo o simplemente nos falta desarrollarlo.
Hoy agradezco a todas las personas que han pasado por mi vida y que, con su historia, me han permitido ver también un poco de la mía.
Hoy sé que esos pequeños reflejos en otros, si tenemos el valor de mirarlos sin juicio ni reproche, pueden mostrarnos no solo quiénes fuimos… sino también quiénes estamos aprendiendo a ser.
Quizá por eso la vida nos pone espejos en el camino: no sólo para reflejar cómo nos vemos, sino para que, poco a poco, aprendamos a vernos con más verdad y también con más compasión.
Al final, todo esto no es sobre el otro. Es sobre aprender a mirarte de frente y preguntarte: Espejito, espejito… ¿qué me está queriendo enseñar esto de mí, que me ayude a ser mi mejor versión, vivir más en paz y quererme mucho?
Gracias, como siempre, por leerme, por compartir y todo eso genial que hacen con todo su respaldo y cariño.
Gracias por permitirme mostrar un poco de lo que mis espejitos me han enseñado.
Un abrazo con mucho cariño…
María 📚❤️🍀🕯️✨
Sígueme también en redes sociales 🙏🏽
Y te invito a visitar mi tienda virtual. Encontrarás mi libro digital 📚 Las Recetas de la Abuela – para acomodar el alma.
(◍•ᴗ•◍)✧*。
Deja un comentario