No se trata del camino más fácil…
sino del que puedes sostener sin dejar de ser tú.


Uno debería estar ahí… en ese lugar donde siente que puede ser quien quiere ser.


Sin duda, la vida termina siendo el resultado de nuestras propias decisiones conscientes, muchas veces marcadas por heridas o deseos inconscientes.


Y todas esas decisiones tienen un costo: elegir la estabilidad puede implicar sacrificar sueños… y elegir los sueños —o ese lugar donde podemos ser nosotros— puede implicar renunciar a la estabilidad, la certeza o incluso a la familia.


Al final, todo tiene un costo. Y todo es difícil. Elijamos, entonces, el difícil que nos complique menos la vida.


La honestidad es difícil; la falsedad también. Seguir lo que otros esperan de nosotros es frustrante, pero ser quienes realmente deseamos ser, también puede serlo. Así que la decisión siempre es nuestra:

¿Qué costo estamos dispuestos a pagar?


A veces pagamos precios muy altos por cosas que ni siquiera queremos, simplemente porque no nos hemos dado el tiempo de conocernos.


Con los años, vamos guardando sueños y deseos por encajar en un mundo al que, en realidad, no le importamos tanto como creemos.


¿Cuánto tuviste que pagar por ser quien eres? Y lo más importante… ¿ha valido la pena?


Recuerdo una vez a dos hermanos discutiendo sobre a quién le iba mejor. Uno tenía dinero, se había ido del país y “le iba bien”. La otra seguía en su pueblo, con todas las complicaciones que eso implica.


Él le dijo: “Eres una tonta. Mira lo bien que me va a mí… ¿y tú? ¿Tú quién eres?”


Y ella respondió:
“Quizá no me vaya tan bien económicamente como a ti, pero aquí yo soy alguien. Si algo se rompe, quien lo repara me llama por mi nombre. Si me enfermo, el doctor me conoce. En cualquier evento, saben quién soy.
Tú podrás tener más dinero… pero, ¿quién eres donde vives?”


El costo no siempre es dinero y la verdadera ganancia tampoco. A veces es paz. Certeza. Seguridad… O amor.


Uno de los grandes costos que pagamos por ser es precisamente este último, el amor. Creemos que buscamos pareja para ser felices, pero la verdad es que terminamos buscando a personas que nos muestran nuestras heridas. La psicología dice que lo hacemos con la finalidad de «cambiarlas», confiando en que, si lo logramos, nuestra historia será diferente y nuestra herida finalmente sanará.


Y así vamos por el mundo, diciendo que seguimos al amor, cuando lo que menos recibimos es eso.


Buscamos amor en personas que ni siquiera conocemos, y que tampoco nos damos el tiempo de conocer.  Asumimos que quieren lo mismo que nosotros, sin tomarnos el tiempo de averiguarlo. Y qué peligroso es eso.


Antes de amar mucho… hay que conocerse mejor.


¿Cuántas veces alguien que nos ama nos ha dado un regalo que no nos gusta? ¿O nosotros lo hemos hecho? ¿Sabes por qué sucede esto?


Es simple: nos quieren más de lo que nos conocen.


Y realmente deberíamos conocer a quienes compartimos nuestra vida. Porque una vez escuché a una abuela decir:


“Amar es entregarle al otro un revólver cargado y confiar en que no lo usará contra ti.”


Por eso, elegir no es qué tan enamorado estás, es qué tan consciente eres de que ambos decidirán no hacerse daño, incluso en medio del enojo, del orgullo o de no “ganar”.


Porque debería importar más la relación… que tener la razón.


También necesitamos soltar la obsesión de “salvar” a otros y dejar de pagar el costo de hacerlo. Cuando te salvas tú, es suficiente. Y, a veces, eso también ayuda a otros a salvarse.


Elijamos conscientemente el costo de quienes somos, de a quién amamos y de quién queremos ser. Hagámoslo desde el amor, desde lo que nos hace felices y no desde el “así debe ser”, ni desde lo que queremos demostrar, ni mucho menos desde nuestras heridas.


Sé que no es fácil ver o trabajar con nuestras heridas; tampoco se trata de vivir en el pasado ni de culpar a nuestra historia por todo. Pero sí podemos comenzar por mirarlas y reconocerlas. No siempre para sanarlas —porque, desafortunadamente, hay algunas que no se curan—, pero sí para tratarlas con tanto cariño que, poco a poco, dejen de doler.


Aprendamos a caminar con esas heridas y a llenar nuestros espacios de soledad; a estar con nosotros mismos, antes de buscar a alguien que llene nuestros vacíos. Porque si no lo hacemos, aún con mucha compañía, nos seguiremos sintiendo solos.


Hay costos que no es necesario pagar, recuerda: no todos los amores merecen ser vividos… ni todas las batallas merecen ser luchadas.


Porque vivir sin ser quien eres… ese sí es un costo que nunca se deja de pagar.


Gracias por seguir aquí, por leerme y hacerme saber que esto ha valido la pena. Confío en que pueda ser compañía, así como ustedes lo han sido conmigo.

Un abrazo con mucho cariño.

María 📚🍀✨🕯️❤️

Sígueme en redes sociales 🙏🏽

Y si quieres puedes adquirir el libro digital: Las recetas de la abuela – para acomodar el alma. Confío que será una gran compañía.

Posted in

Una respuesta a «El costo de ser…»

  1. Avatar de radiantc1da497ac9
    radiantc1da497ac9

    Que cierto mi niña hermosa. Te amo bastantisimo.

    Me gusta

Deja un comentario