El amor es eso, que nos da el sabor a eternidad.

¿Ustedes creen qué el amor existe? Espero que sí lo crean. Yo si y además, creo que el amor hace que este mundo sea mejor.

Por eso, hoy quiero contarles una historia que nació de esta pregunta. ¿Me acompañan…?

Era un día cualquiera, en un lugar cualquiera, conversando con alguien muy especial.

— María, ¿tú crees qué el amor existe?
— Por supuesto. No creo que pudiera escribir si no lo creyera.
— Ay, pero no empieces con tu amor a la vida, a la familia, a los amigos o esas cosas; ya te conozco. Me refiero al amor de pareja.
— Claro que creo en el amor de pareja.
— Es que, como nunca te he visto llorar o sufrir, pensé que no lo conocías.
— (Me río, un poco más fuerte de lo esperado) Que tú no me hayas visto o que yo no camine por la vida con cara de sufrimiento, no significa que no crea en el amor. Además, ¿quién te dijo que amar es sinónimo de sufrir?
— Es que mis amigas y yo hemos sufrido mucho por amor.
— Lamento eso. Yo no creo que el amor sea sólo sufrimiento; al contrario, tiene momentos hermosos. Si todo es dolor, entonces no es amor.

Ella tomó una taza, se dejó caer en el sillón y dijo:
— Estoy lista.
— ¿Para qué?
— ¿Cómo que para qué? Para que me expliques, con detalle, qué es el amor para ti.
— Ah, pues te lo resumo en tres cosas:
1. El amor se demuestra, no sólo se dice. Un amor que vive únicamente de palabras, muere con los hechos.
2. Lo que pidas en el amor, deberás ofrecerlo. Si quieres fidelidad, sé fiel.
3. En el amor no somos medias naranjas. No somos la mitad de nada: somos personas completas que se hacen más felices juntas.

— Qué bonito suena eso… pero cuéntame algo de ti. Dame un ejemplo que me haga creer que el amor existe.
— Más que ejemplos míos, puedo darte momentos que me han demostrado que el amor es real. Todos son verdaderos, te lo prometo, pero no te diré  si alguno, varios o ninguno es mío; tú adivinarás… y tal vez luego te cuente la historia completa. ¿Te parece?

— Me parece, estoy lista y emocionada por escucharte.

— va…

Como te decía, el amor son detalles y momentos que nos roban el aliento, que guardamos para siempre como instantes de eternidad.

Como el chico que se enamoró de la nueva alumna el primer día que la vio en la preparatoria y supo que sería el amor de su vida. La trató como una princesa y le dio un noviazgo hermoso con todo lo que un amor de diecisiete años debe tener. Él le enseñó ese amor tierno y lindo que todos deberíamos vivir. Treinta años después, aunque no se quedaron juntos, él sigue regalándole alcatraces – que son sus flores favoritas – en cada cumpleaños, para que nunca olvide lo importante que siempre será para él… y que alguien la amará por toda la eternidad.

O el estudiante de nuevo ingreso en la universidad, que se enamoró de una chica de otro salón y acordó con su mejor amigo que cada vez que ella pasara, él tararearía una canción para avisarle que estaba cerca y así poder verla. Ese mismo chico, la llenaba de detalles románticos, él le enseñó el amor a la antigua: con flores, serenatas, le escribía canciones y demostraba su amor en cualquier momento. Un día detuvo un evento y, en pleno escenario, le pidió que fuera su esposa, frente a todos. Su voz, desde ese momento y durante años, fue solo para ella, aunque cantara para miles. Él le enseñó lo que es ese amor romántico y de cuentos de hadas.

O el hombre que conoció a una joven que acababa de perder a su padre, y se quedó con ella hasta que sanó sus heridas. Ese hombre galante y con una templanza tan grande como su altura, la enfrentó a sus miedos. No para asustarla, si no, para sanarlos; como cuando la acompañó a lanzarse de un bungee, la respaldo y la cuidó, aunque a ella le aterraban las alturas. En una ocasión le mostró lo linda que era y le enseñó lo que él y todos veían en ella, la puso frente a un espejo para mostrarle lo hermosa que era… no para desnudar su cuerpo, sino para sanar su alma y su seguridad. Él le enseñó lo que es el amor protector y de cuidado, ese que te hace resurgir de las cenizas.

O el joven que sufrió un accidente al caer de un segundo piso y perdió parte de la memoria. Pidió ver a su exnovia —aunque hacía tiempo que no estaban juntos— para decirle que sólo a ella recordaba y que aún la amaba. No recordaba a su pareja actual ni a muchos amigos, pero a ella, sí. Tiempo después le confesó: “Sé que ya no estamos juntos, pero ni el peor golpe me hará olvidarme de ti”. Enseñándole que el amor no se recuerda, se siente y se lleva en cada pedacito de uno.

O aquel hombre que, desde un escenario, vio a una mujer entre la multitud y, con una sola mirada, le regaló una de las mejores cosas que una persona puede regalar, el haberla visto. Él le enseñó lo que es el amor de las canciones románticas que él cantaba. Al verla, supo que por fin había encontrado, a quien sus canciones le habían contado. Él siempre está rodeado de muchas mujeres, pero en ese instante sólo podía verla a ella, como si sólo existieran ellos dos, fue un instante mágico, igual que una hermosa canción, un breve momento, pero que lo recordarían por siempre.

O el que conoció a una mujer y, sin que fueran nada, un día comprobó que ellos habían compartido una historia en otra vida. No preguntes bien como lo supo, pero él lo sabía y lo sentía. Y aunque ellos ya tenían sus historias en otra parte, él le contó y le prometió que se quedaría a su lado, para cuidarla de lejos y así lo ha cumplido. Y aunque supiera que en esta vida no les tocaba estar juntos, en otra vida su amor había sido tan fuerte, que alcanzaba para toda la eternidad. Mostrándole un amor en donde no tenían que estar juntos, para confirmar que puede ser eterno.

O quizá se trate de esa pareja que hace 19 años se conocieron: él con un uniforme que lo hacía ver protector y ella, una veinteañera que aún miraba la vida color de rosa. Aunque quisieron, el destino no les permitió estar juntos. Hoy los vuelve a unir, ya no tan jóvenes, ya no tan idealistas y si más realistas, en medio del caos y las heridas que deja la vida adulta. Han aprendido a construir un amor maduro: menos soñador, pero más solidario; ese que sostiene cuando el mundo se derrumba y el dolor pesa. Aún cuando no es romántico; él, le dio la mayor prueba de amor con una simple frase: «me quiero quedar», incluso con todo en contra, aún de ellos mismos. Él le mostró ese amor adulto, que ella aún no entiende bien, pero que quizá, solo quizá, si saben cuidarlo, pueda quedarse para siempre.

Y así podría seguir contándote mil ejemplos más. Algunos, quizá no parezcan sacados de un libro de cuentos o una romántica novela, pero que te comprueban que el amor existe; como quien te ha sacado de un apuro o quién te abraza fuerte para pegar tus partes rotas o quién simplemente está ahí, para escucharte y para que sepas que no estás sola. Porque de eso se trata, que aún los detalles cotidianos te confirmen, que el amor existe y que este hace la vida más hermosa.

— ¡Wow! … María, no sabría decir cuál es tu historia… pero si todas son reales, deberías escribirlas todas.
— Tal vez algún día lo haga. Lo importante es que sepas que el amor no tiene por qué doler. Que, es para siempre, y aunque a veces cambie de cuerpo… no cambiará de esencia.

El mundo, por difícil que parezca, sigue moviéndose por amor. Y el amor nos recuerda que estamos vivos. Porque, al final, como dice la frase: “La vida no se mide por las veces que respiramos, sino por los momentos que nos dejan sin aliento”.

Y así terminó nuestra charla. No insistió más en saber cuál era mi historia. Pero tú, ¿cuál crees que pueda ser? Pueda ser una o varias o quizá ninguna… O mejor aún, quizá mi gran historia de amor aún está por escribirse.

Te propongo algo ¿Qué tal si un día me cuentas tu historia y la escribimos? Porque todas las historias de amor merecen ser escritas y convertirse en una novela, que se quede para la eternidad.

Así que espero tu historia. Y gracias siempre por leerme…  nos vemos en la próxima.


Un abrazo con cariño…

María ✨💕📚🍀

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2 respuestas a «¿El Amor existe?»

  1. Avatar de Adriana Quezadas
    Adriana Quezadas

    Me encanto, ¡ Felicidades Maria!

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    1. Avatar de María Q.✨️

      Muchas gracias 😊. Mil gracias por leerme y por creer en mi. Eres la mejor porrista del mundo 🌎

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