
Hoy quiero hacer un ejercicio contigo que encontré en internet. ¿Lo hacemos?
Si te dijera que te doy un millón de pesos, ¿qué harías? Supongo que te pondrías feliz, quizá ya sepas en qué gastarlos, tal vez te darían tranquilidad o incluso empezarías a planear tu viaje por el mundo.
Ahora imaginemos que no te doy un millón, sino diez millones de pesos, pero con una sola condición: solo tendrías un día de vida después de recibirlos. ¿Qué me dirías? ¿Los aceptarías?
Imagino que, además de pensar que estoy loca, me dirías que no. Que la vida vale mucho más que esos diez millones y no los aceptarías. Apostaría que el 99%, bueno, menos para no exagerar, el 95% de las personas respondería lo mismo.
Con esto confirmamos que es más importante la vida que ser millonarios. Entonces, si no cambiarías tu vida por diez millones, ¿por qué no vives a diario como si ya fueras millonari@?
Así de complejos somos los humanos: vivimos estresados por cosas que, al final de la vida o cuando falta la salud, resultan insignificantes.
A mi parecer, nos hemos envuelto en una rutina en la que el estar bien o ser felices parece estar ligado al dinero, al estatus o al poder. Pero hemos confundido seriamente lo que significa ser exitosos.
Ser exitosos es ser felices.✨
Alguna vez escuché que el éxito no se mide por lo que tenemos, sino por lo que nos hace sentir plenos.
Ejemplos hay muchos. En una de las ciudades donde viví, conocí a una familia restaurantera de prestigio, dinero y poder. ¿Y saben qué? Dos de sus miembros se quitaron la vida. ¿Qué les faltaba? Tenían todo… y aun así no quisieron seguir.
Ni el dinero, ni la fama, ni el poder garantizan la felicidad. Claro, todos preferimos llorar nuestras penas en las islas griegas que en un parque de la esquina, pero una frase que recibí en mi vida me marcó profundamente. Me la dijeron, en referencia a tantos cambios de ciudad y de trabajo — que según yo, los hacía buscando una “mejor vida”, obviamente ligada a lo económico— :
«María, de lo que huyes, donde vayas… te va a perseguir».
Y tenían razón. Ese vacío, esa tristeza o esos fantasmas del pasado siempre me encontraban. Ni el dinero, ni los buenos puestos, ni las grandes empresas borraban ese puntito negro.
Permítanme hacer un paréntesis aquí por favor: no digo que mi vida no haya sido o sea hermosa. Al contrario, ha sido maravillosa, he conocido lugares espectaculares y personas admirables. Mi recorrido me ha hecho muy feliz. ¿Qué haría diferente? No cambiaría mi vida, me cambiaría a mí: me preocuparía menos y valoraría más lo que realmente importa, como las personas, el tiempo y el amor.
Un día le pregunté a mi madre qué hubiera hecho distinto en su vida y en su matrimonio con mi papá. Me respondió:
«Todo lo disfrutaría más, viviría intensamente, sin tantos tabúes ni limitaciones. A él lo amaría no más, porque eso sería casi imposible; lo amaría, y me amaría a mí misma de mejor manera».
Después le pregunté: “¿En esta etapa de tu vida sientes que tienes lo necesario?” y ella respondió:
«Claro, tengo de más. Por ejemplo, tengo varios pares de zapatos… y solo dos pies».
– Créanme cuando les digo que mi madre es una sabia -.
No importa la edad que tengas, en qué etapa estés: hazte esta pregunta:
«¿Lo que hago hoy, realmente importará y me hará feliz en unos años?»
Y no me malinterpreten: tener un buen ingreso, poder pagar un viaje, lograr estabilidad o solvencia económica no está mal, al contrario. Todo lo que hagas para estar bien es correcto (bueno, mientras esté dentro de la ley y esas cosas).
No es malo querer una casa bonita o esas vacaciones soñadas o la posibilidad de comprar lo que nos gusta. Lo que quiero transmitir es que no confundamos el dinero como la única fuente de felicidad. La vida no funciona así.
Alguna vez te has preguntado: ¿qué realmente te hace feliz? Si te pidiera que cerraras los ojos y recordaras uno de tus momentos más felices, ¿qué me dirías? ¿A dónde va tu mente? ¿Qué soñabas ser de niñ@?
¿Cuánto te ha costado dejar de ser tú?
No te digo que dejes todo para ir a buscar lo que te hace feliz, no por lo menos en este momento, pero sí que empieces por recordar qué te hace feliz. Invita a tu niñ@ interior a salir, que vea con sus ojos esta realidad y te muestre lo maravillosa que es, por una simple razón: ¡estamos vivos!
La solución no siempre está en cambiar de vida y perseguir solo lo que creemos que nos dará felicidad, sino en aprender a ver la vida con otros ojos: los que reconocen la belleza de lo cotidiano y de lo que realmente importa.
Iniciemos, por ejemplo, demostrando lo que sentimos. Dejemos de lado el “qué dirán”. Si ves algo lindo, dilo. Demuestra amor, alegría, bondad.
Porque si no lo hacemos, llegará un día en que todo eso pasará frente a nosotros… y no sabremos reconocerlo.
No dejemos que la vida se nos escape. Hagamos que cada día valga la pena, porque ser felices es, al final, el mayor éxito.
Gracias como siempre por hacerme tan feliz al leerme, con sus comentarios y compartirlo para llegar a más gente. Gracias infinitas y que está felicidad que provocan, se les multiplique por mucho.
Por fis, suscribanse y sigan compartiendo.
Que sigan teniendo una vida maravillosa. Les mando un abrazo grande y toda la buena vibra del mundo.
Con cariño…
María ✨🍀🧚🏽♀️📚💕
Sígueme en redes sociales también:
Replica a eclecticunabashedly195d6a692a Cancelar la respuesta