Era un frío día de febrero, hace ya varios años. El reloj marcaba las 2:00 a.m. y aún recuerdo con claridad los sonidos que me rodeaban en ese hospital: las luces encendidas, los cables conectados al hombre que había sido mi superhéroe y el más grande amor que una niña podía tener. En ese instante, ya no era una niña, sino una mujer de veintitantos años, frente al irremediable final de su padre.

Un sonido intermitente hablaba más claro que cualquier doctor: el adiós estaba muy cerca. De pronto, las alarmas se dispararon y entraron varias personas con batas y un aparato que le dio unos instantes más de vida. El tiempo suficiente para que, con un leve movimiento de su dedo, me diera esas últimas indicaciones: despedirse de mi madre y de mis hermanos.

A las 2:20 a.m. las alarmas sonaron de nuevo. El doctor ya había sido claro conmigo:
—María, nosotros siempre buscaremos preservar la vida, pero hay ocasiones en que ya no se puede. La próxima vez tu padre no resistirá.

Y así fue. A las 2:30 a.m., como en una escena de película muy triste, ni los aparatos ni los doctores pudieron detener el conteo regresivo que llegaba a cero. Un conteo que me decía que la vida jamás volvería a ser la misma.

Esa historia se ha repetido otras veces en mi vida: con mi tía, la que me demostró cuánto me amaba, y con uno de mis mejores amigos, que murió con apenas 29 años. Hay un común denominador en ellos, aparte del inmenso dolor. Ninguno de los tres me dijo cómo vivir sin ellos.

Tal vez estas historias se parezcan a las tuyas, o quizá las tuyas sean mucho más duras. Pero no es la historia en sí el meollo del asunto, sino cómo seguimos después de que algo termina o de que alguien se va, porque tuvo que irse o porque simplemente decidió marcharse de nuestras vidas.

Seguir tras una pérdida —ya sea por muerte o por ausencia— es dolorosísimo. Es como una herida abierta que la vida se encarga de presionar a diario para recordarnos que está ahí. Quizá no se sane del todo pero con todo y el dolor, siempre hay mucho que agradecer. Y no, no se trata de agradecer a la muerte ni al dolor por haberse llevado lo que amamos. Se trata de agradecer porque fueron parte de nuestra historia, porque esas personas y experiencias nos transformaron.

Quizá me digan:
—¿Y qué con el dolor, el llanto y la soledad? ¿Qué hago con todo lo que siento?

Me encantaría decirles que se van a ir, pero desafortunadamente ese dolor no desaparece del todo. Aun así, uno avanza, si quiere, si puede y vuelve a sonreír… ¿Cómo? … un paso a la vez.

Cuando la razón no es suficiente, el amor y la gratitud te darán las respuestas.

Hagamos un ejercicio: cien abdominales hasta que se olvide el dolor del alma y solo duela la panza. Eso sería mejor, al menos quedaría marcado. Es broma, aunque unas veinte sí les encargaría para empezar.

Ahora, en serio: ¿qué pensarían si les digo que tengo un método para borrar su dolor? La única condición sería que también olvidaran todos los buenos recuerdos con esas personas. Estoy casi segura de que me dirían que no.

Y es ahí donde todo cobra sentido.

Yo volvería a pasar por el dolor de esas pérdidas cuantas veces fuera necesario, solo por la certeza de que siempre formaron parte de mi vida.

Sé que es difícil de comprender, pero todo en la vida es temporal: las personas, las etapas, nosotros mismos. Siempre habrá despedidas, finales y adioses.

Definitivamente deberían incluir en la escuela una materia llamada: “Cómo cerrar ciclos sin morir en el intento”. Y ya de paso, otra de “Cómo bailar cumbia”, que también es esencial para la vida.

Cuando entendemos que las personas llegan por un tiempo determinado y con un propósito, todo se vuelve un poco más fácil.

En la vida hay personas como las estaciones: llegan unos meses, nos muestran lo mejor de sí y nos dejan recuerdos para cuando los días se tornen difíciles. Otras son como los años: nos acompañan en distintos momentos, nos fortalecen y nos dan la mano para seguir adelante. También están quienes son como nuestras propias etapas vitales —infancia, juventud, adultez—: permanecen más tiempo para comprobar que hemos aplicado lo aprendido y sostenernos en nuestro crecimiento. Y, por supuesto, están quienes nos muestran los días grises, para recordarnos lo fuertes que podemos llegar a ser.

Así que sí: nadie se va como llegó. Todos nos dejan algo, aunque se hayan marchado, aunque haya dolido.

Dependerá de nosotros qué hacemos después de vivir esas experiencias del adiós. Si nos aferramos al dolor y al sufrimiento, eso es lo único que obtendremos: más dolor. Pero si nos permitimos agradecer lo vivido, aprender y transformarnos, entonces lo que queda es crecimiento.

Avanzar es entender que todas las situaciones y personas que llegan a nuestra vida lo hacen con un propósito. Y cuando este se cumple, es momento de irse. Tratar de alargar algo que ya dio lo que debía dar es dañar su esencia y, en vez de ayudarnos, terminará afectándonos. Sé que no es fácil soltar lo que nos hizo felices o nos dio seguridad, pero si ya es momento de hacerlo, hagámoslo… porque sin duda vendrá algo mejor para nuestro bien.

Sé que dejar ir duele, y mucho. Y aquí sí quiero pedirte un favor: cuando estés atravesando el dolor, ten cuidado, porque existe una línea muy delgada que puede llevarnos al “lado oscuro de la fuerza”. Y si la cruzamos, ya no volvemos a ser los mismos. Podemos convertirnos en esas personas que quizá hemos visto, esas que parecen vivir eternamente enojadas o tristes, como si se hubieran quedado a vivir en un lugar oscuro del que nunca lograron salir. No te permitas eso. Avanza… un día a la vez.

El dolor quizá no desaparezca del todo, pero los recuerdos permanecerán por siempre. Porque lo eterno no es la presencia, sino la huella de quienes alguna vez nos transformaron.

Tal vez se pregunten: ¿siempre hay que dejar ir? No. Hay momentos, cosas o personas por las que sí hay que luchar. No tengo la respuesta exacta de cuándo sí o cuándo no. Es más, a mí me encantaría tener un don que escuché alguna vez: la capacidad de “marcharme a tiempo”. Saber cuándo irme de una relación o etapa que ya no da más, o cuándo quedarme porque aún merece ser luchada. Saber cuándo ya di y me dio lo que tenía que dar, y retirarme.

Sé que eso sería casi imposible, aunque nos ahorraría muchos problemas y dolor. Pero en el fondo sé que tu sexto sentido, tu corazón, tu alma, el universo o alguien te dirá por quién o por qué hay que seguir luchando, y cuándo es momento de dejar ir.

Lo que sí podemos hacer es agradecer: por los que aún siguen aquí y por los que ya partieron, por la bendición de que sucedió, la fortuna de conocer a gente increíble, de vivir momentos inolvidables y, sobre todo, por permitirnos ser mejores de lo que éramos cuando llegamos.

Como diría mi abuela: somos el resultado de la gente que ha pasado por nuestra vida, de quienes nos amaron… y también de quienes no. Somos, sobre todo, lo que decidimos hacer con ello.

Al final, nadie se va como llegó… y tampoco nosotros somos los mismos después de haberlos amado.


Como siempre, mil gracias a ti por leerme, y a todos por sus comentarios, sus porras, por suscribirse, por compartir. Gracias por hacer esto posible y hacerlo realidad. Gracias por recomendar este blog; quizá algún día llegue a alguien que se vaya mejor que como llegó.

Gracias por hacer que suceda.

Nos vemos en la próxima. Espero tus comentarios y sugerencias.
Muchas bendiciones y nunca olvides que eres magia ✨
Un abrazo grande con mucho cariño,


María ✨🍀🧚🏽‍♀️📚💕

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9 respuestas a «Nadie se va como llegó…»

  1. Avatar de radiantc1da497ac9
    radiantc1da497ac9

    Así es, siempre aprendemos algo con cada persona que pasa por nuestra vida. Es lo mejor de todo
    Abrazo de regreso.
    Ya lo envié a mis contactos

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    1. Avatar de María Q.✨️

      Si, somos una constante evolución.
      Gracias Tita por todo tu apoyo siempre
      Muchos abrazos ❤️

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  2. Avatar de Cindy Valdez
    Cindy Valdez

    Son personas que fueron parte de nuestra propia historia y sin duda… sin ellas fuera muy corto nuestro guión de vida. Benditas las personas que están, las que se fueron y aún más benditas las que llegan a enseñarnos y seguir escribiendo nuestra historia.

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    1. Avatar de María Q.✨️

      Que bonito Cindy, muchas gracias por comentar y tienes mucha razón… Al final son una bendición para seguir escribiendo nuestra historia
      Un abrazo grande 🤗✨

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  3. Avatar de eclecticunabashedly195d6a692a
    eclecticunabashedly195d6a692a

    Excelente,me encanta como escribes,nunca lo dejes de hacer….piensa en un libro
    Adriana Q

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    1. Avatar de María Q.✨️

      gracias Adriana Q. Por ser la mejor porrista del mundo, prometo que el día que este libro será dedicado a ti.

      gracias por creer en esto y en mi. ❤️🌷

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  4. Avatar de eclecticunabashedly195d6a692a
    eclecticunabashedly195d6a692a

    Felicidades por estás narrativas, que siempre me dejas reflexionando.Un beso

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    1. Avatar de María Q.✨️

      Gracias Nanny… Muchos besos 💋

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  5. Avatar de María Q.✨️

    graciassssss por leerle y motivarme a seguir. Besos 😘

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