
¿Alguna vez se han preguntado qué es realmente la grandeza?
Obviamente no hablo de estatura. Por ejemplo, mi madre y Don Señor (que superan el 1.80), o una de mis hermanas (que casi llega a esa medida), serían grandísimos por su altura… y sí, lo son, pero no sólo por eso. En realidad, son seres humanos extraordinarios que me han demostrado que la verdadera grandeza viene de la esencia, no del tamaño.
Déjenme contarles algunas anécdotas relacionadas con su altura y la mía, para que se diviertan un rato:
Normalmente los hijos, en algún momento, alcanzan a mirar a sus padres a los ojos. Conmigo nunca pasó. Imaginen a una niña que, con el paso de los años, jamás alcanzó a su madre. Le tenía miedo, aunque ella diga que no. Sí, ese ha sido un pequeño trauma para mí. Con muchísimo esfuerzo llegué apenas al 1.70 😔.
Cuando conocí a la entonces pareja de mi hermana, yo tendría unos 17 años. La primera vez que me vio, dijo: “Uy, sí se parece a ti… pero en versión chiquita”. 🙄 Lo peor es que ni siquiera era tan alto.
El día que conocí a Don Señor, fue gracias a mi mamá. Apenas me vio, le dijo: “¿Y esta por qué salió tan zotaca?” (dícese de la palabra usada para referirse a chaparritas rechonchitas). Yo ni lo conocía y así me recibió. Por cierto, apenas caigo en cuenta de que, además de chaparra, también me llamó gordita. Nada más porque eso fue hace más de 18 años, que si no, hubiéramos tenido un problema muy serio. 😒
Pero dejemos mis traumas de estatura para otra ocasión y volvamos al tema importante:
¿Qué es realmente la Grandeza?
Como habrán notado, no tiene nada que ver con la estatura, tampoco con el dinero, ni con el éxito o el reconocimiento. Déjenme mostrarles con algunos ejemplos lo que quiero decir:
Mi mamá, Tita, tiene el don de alimentar, no solo el cuerpo, también el alma, con sus consejos. Cualquiera que la visite sabe que siempre encontrará un taquito y unas palabras que llenen el corazón. La grandeza está en poner nuestros dones al servicio de los demás.
Mi hermana ha trabajado muchos años en el mismo lugar. Cuando era joven pensó en cambiar de trabajo para buscar el “éxito”, pero descubrió que ya lo tenía en sus manos. Decidió volver, porque entendió que hacer su trabajo con pasión y propósito le traería grandes recompensas. Y así ha sido. Verla hablar de lo que hace, todo lo que ha logrado y cómo la siguen miles de personas a su cargo es impresionante. Ella lo hace parecer fácil, pero le aseguro que no lo es. La grandeza también está en amar lo que hacemos y darle significado.
Pero no sólo es grandiosa por su trabajo, ella me ha dado, sin duda, uno de los mejores apoyos que he recibido en este proceso de reencontrarme, un día dijo: «yo aquí estoy lista y preparada por si lo requieres». Y lo ha demostrado, ha sido un pilar en mi camino a sanar. Gracias inmensas por eso. La grandeza está en ser un salvavidas, aunque la gente sepa nadar.
Cuando mi prima enfrentó un grave problema de salud y necesitó donadores de sangre para una operación delicada, Don Señor acababa de perder a su madre. Al día siguiente de su funeral, estaba donando sangre para ella. La grandeza también está en ayudar incluso en medio del dolor.
Y un ejemplo lindísimo es el del padre Patricio Quinn. En una entrevista, demostró que la grandeza no depende del lugar en el que estés, sino de lo que hagas en el. Él fue un sacerdote irlandés, nacido en 1930, que llegó a Saltillo, Coahuila en los años setenta, con el objetivo de apoyar a la gente vulnerable. Fundó varias iglesias en sectores del oriente de la ciudad y ayudó a muchísimas personas. Falleció en 1997, pero su labor fue tan grande que la comunidad pidió que se iniciara su proceso de canonización.
Cuando pueda lea sobre el padre Quinn, le gustará. Y esto no tiene que ver con religión, sino con el impacto que podemos tener al servir.
En esa entrevista le preguntaron por qué estaba en una ciudad pequeña del norte de México, cuando el camino a la “grandeza” parecía estar en Roma o cerca de ahí. Su respuesta fue sencilla y poderosa y más o menos así:
| “No importa dónde Dios me ponga, haré grandes cosas, porque para eso me puso aquí”.
La grandeza viene del corazón
El mensaje es claro: no importa dónde estés ni si el reto parece pequeño. Cuando sabes quién eres, puedes hacer cosas grandiosas en cualquier lugar, si lo que haces lo pones al servicio de los demás.
Es como una frase que es casi ley de vida para mí: si no puedes hacer cosas grandes, haz cosas pequeñas con grandeza.
Al final, la vida es aquello que hacemos y nos hace sentir útiles, vivos y realizados. No depende de la fama, el dinero o el lugar, sino de lo que nos hace sentir que cumplimos nuestro propósito.
En una plática con una persona dedicada al espectáculo. Le pregunté: “¿Qué te haría feliz?”. Pensé que diría estar en una agrupación más famosa o ser un solista exitoso. Pero su respuesta me sorprendió: “Ser corista de Juan Luis Guerra o responsable de un estudio de grabación”. Ninguna de esas opciones tiene que ver con ser famoso, aunque ya ha cantado ante miles de personas. Su deseo es simplemente estar donde se sienta feliz. Eso es de aplaudirse y es admirable, porque la fama no lo define; lo mueve el deseo de plenitud.
Esto me reafirma que la grandeza no depende de lo que el mundo ve, sino de lo que nos hace sentir plenos, de lo que hacemos sentir y como ayudamos.
✨ La verdadera grandeza no se mide en centímetros, dinero o en fama. Se mide en lo que entregamos, en cómo tocamos la vida de otros y en lo que dejamos en su corazón. Al final, no somos recordados por lo que tuvimos, sino por lo que dimos y como hicimos sentir.
Sin duda la grandeza está en el corazón ❤️
Gracias como siempre por ese corazón tan grande que tienen, al dedicarme parte de su tiempo para leerme, espero que lo que escribo, les permita darse cuenta de que cada cosa buena que ustedes hacen, los hace mas grandiosos.
Gracias por suscribirse, por compartir y por seguirme. Ustedes me hacen sentir muy feliz.
Un abrazo grande, así como ustedes
Con cariño…
María ✨💕📚🍀🧚🏽♀️
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