
Hablemos con la verdad: ¿qué tal suena » te lo dije» cuando lo decimos?. Seamos honestos, aunque lo que hayamos dicho y se haya cumplido no sea tan bueno, en el fondo ¿qué sientes decirlo?.
Cuando se trata de los demás, no creo que esté tan mal que queramos que la gente entienda o aprenda algo a través de lo que le decimos. Y si no lo aplica o no lo acepta, solemos reforzar lo que quisimos transmitir con un «te lo dije». Por cierto, decir ésto no sé si es correcto o no, de verdad no lo sé. Creo que tiene que ver con cada caso. Y bajo la conciencia de cada uno.
Pero el meollo del asunto no está ahí. Ni es de lo que hoy quiero platicar. Lo importante está en el «te lo dije» que solemos decirnos a nosotros mismos. Santo Dios, ahí es donde está el verdadero problema. Solemos ser tan duros con nosotros que ese te lo dije normalmente va cargado de rencor y dolor. Y, casi siempre, viene acompañado de un adjetivo terrible: tonta, menso, bruto, sonsa… y otros que mejor no escribir.
En este último año, confieso que ha sido una de mis frases favoritas hacia mí misma:
Te lo dije, María: que no ibas a poder, que así no era porque no te iban a responder, que ya no te iban a hablar, que no lo ibas a lograr y muchos ejemplos más.
He sido mi peor verdugo. Mis te lo dije ya sonaban en mí como si viniera de alguien que disfruta de hacer daño. Me hacían sentir terrible y se convertía en un círculo vicioso de fracaso y reclamo, que me hundía cada vez más.
Pero, ¿por qué somos tan duros con nosotros mismos? ¿Por qué ese te lo dije tiene que sonar tan cruel, como si nos diera gusto confirmarlo, aunque lo que esté pasando sea doloroso?
Parece que tenemos una programación extraña para esperar lo peor y, cuando sucede, nos encanta decir: te lo dije. Y si a eso le sumamos los puntos negativos que creemos que los demás piensan de nosotros —o que malinterpretamos de lo que dicen—, se convierte en una bomba mortal.
Vaya manera de hacernos daño.
María, vaya manera de hacerte daño.
Pero hablemos de mi amigo íntimo al que le encanta decir esto… (redoble de tambores, por favor🥁): con ustedes… el ego.
Mi psicóloga un día me dijo que el ego no es del todo malo. O sea, sí lo es… pero si lo entendemos y logramos controlarlo, no resulta tan dañino. Además, su función en el fondo no es mala: busca cuidarnos y proteger nuestras heridas de la infancia. El problema es que sus métodos son terribles y lo que termina logrando es que estemos peor.
Por cierto, el ego no solamente esta relacionado con nuestra autoestima, ese que nos hace creernos mucho o ser arrogantes; también es quien dicta muchos de nuestros comportamientos. Según algunas vertientes de la psicología: Entiende el ego como la suma de nuestras vivencias y la interpretación de las mismas, un sistema de protección que surge desde los primeros momentos de la vida.
Pero entre otras cosas, ¿Qué hace el ego? Bueno, nos enfrenta con posibles escenarios catastróficos y nos genera miedo para evitar revivir heridas como el abandono, el rechazo o la traición. Pero su método de defensa suele ser atacar o bloquear. Y si nos advierte que algo puede salir mal y finalmente sucede, se convierte en un ogro gigante que grita: ¡TE LO DIJE! Lo hace con la firme convicción de que aprendamos una lección… que muchas veces ni siquiera es cierta, y que además no necesitamos repetir.
No odies a tu ego. Ya hemos platicado sobre nuestro lado oscuro: el tamaño de nuestra cruz es el tamaño de nuestra sombra. https://elmundosegunmaria.com/2025/08/03/del-tamano-de-tu-cruz/. Así que este «querido» (bueno, no tanto) amigo siempre estará ahí, porque forma parte de nosotros. No lo odies, sólo mantenlo controlado.
¿Fácil? No. Desafortunadamente no es fácil. Pero sí es posible, y sobre todo, muy necesario. Porque si dejamos que siga diciendo te lo dije desde la herida, terminará convirtiéndonos en personas muy infelices.
Lo primero que debemos recordar es que el ego intenta protegernos —a su manera cavernícola, si quieren—, pero al interactuar con los demás suele protegernos de todo, menos de lo que realmente necesitamos.
¿Existe algún método real para calmarlo? Supongo que los terapeutas sí lo tienen. Ir con ellos siempre es una buena idea. No le tengas miedo a la terapia; no es sólo para «los rotos», su verdadera función es ayudarnos a crecer.
Mientras decides qué camino tomar para trabajar tu ego, quiero compartirte lo que yo intento hacer y algunos tips que encontré al investigar sobre el tema:
⚙️Tips para calmar a tu ego y ya deje de decirte «te lo dije»… Dentro de lo mucho que hay en la red:
1. Practica la autoconciencia
Observa tus pensamientos y emociones sin juzgarlos. Cuando no entiendas tus reacciones, haz una pausa y pregúntate: ¿esto viene de mi ego o de una necesidad real?
2. Aprende a escuchar activamente
El ego suele querer hablar más que escuchar. Concéntrate en comprender lo que realmente está sucediendo.
3. Acepta la crítica sin defenderte de inmediato
Cuando alguien te dé retroalimentación, respira y analiza qué parte puede ser cierta. Separar la crítica constructiva del ataque personal te ayuda a crecer sin sentir que tu valor está en juego.
4. Recuerda que no todo es personal
Muchas veces el ego se activa porque interpretamos lo que otros dicen o hacen como un ataque. Recuérdalo: lo que dicen de mí habla más de ellos que de mí. (Amo esta frase).
5. Cultiva la humildad activa
Reconoce tus logros, pero también tus errores y áreas de mejora. Practica frases como: «no lo sé», «tienes razón» o «gracias por enseñarme esto».
6. Separa tu valor personal de tus resultados
Tu esencia no depende de tu trabajo, tu estatus o tu reconocimiento. Si fracasas en algo, eres alguien que aprendió, no alguien que «vale menos». (María haz cinco planas de ésto por favor 🫣).
7. Trabaja la gratitud diaria
El ego se centra en lo que falta. Agradecer lo que tienes y reconocer a quienes te rodean disminuye la necesidad de validación constante.
8. Entrena la empatía
Ponte en los zapatos de los demás. Pregúntate: ¿cómo se siente esta persona? ¿qué necesidad hay detrás de lo que dice o hace? Eso desplaza el foco del yo hacia el nosotros.
9. Practica el desapego del control
El ego quiere manejarlo todo. Aprende a aceptar que no siempre puedes controlar los resultados ni la opinión de los demás. Enfócate en lo que sí depende de ti.
10. Medita o escribe
La meditación ayuda a observar al ego sin identificarte con él. La escritura reflexiva te permite poner en papel tus pensamientos más «egoicos» y procesarlos desde una mirada externa. (Ya ven, aquí ando)
No permitas que tu ego te siga diciendo te lo dije para marcar que la vida está mal o está en tu contra (¿me estás escuchando, María? 🤭). Permítete disfrutar de lo bueno, confiar en ti y crear una versión llena de amor y empoderamiento. Que tus te lo dije sean porque todo salió bien.
Que ahora sean un Te lo dije: fue un gran día, un gran proyecto, un gran resultado.
No es fácil, lo sé. Yo sigo sin asimilarlo del todo. No somos perfectos pero somos perfectibles: siempre estamos mejorando, si nos lo permitimos.
Un día le pregunté a mi mamá:
—¿Cómo se sale de todo esto que me está pasando?
Y me respondió: «Un paso a la vez, pero sin dejar de avanzar».
Y como siempre, Tita tiene mucha razón.
Así que si tu ego se la ha pasado diciéndote te lo dije últimamente de manera negativa, no lo escuches y sigue avanzando. Un paso a la vez
Te propongo algo: cada vez que tu ego quiera meterte miedo para que no hagas algo, dile: «Vas a ver», como si fuera una amenaza. Vas a ver que todo saldrá bien. Y demuéstrale que así es.
Y aviéntate a vivir tu vida y tus sueños, aún con miedo, pero con mucho valor. Porque la valentía no es la ausencia de miedo, sino la fuerza para hacer las cosas aún con el.
Por cierto, uno de los últimos «te lo dije» que mi ego me recalcó, fue por escribir: María te lo dije que a la gente ya no le gusta leer y no te van a leer, es más ni les va a gustar. Pero uno es muy necia y amo hacer esto. Así, que como dice Catón (escritor Saltillense) mientras mis 5 lectores me lean, yo voy a seguir escribiendo.
Gracias por la enorme bendición de que me permitan seguir haciéndolo. Gracias por el favor de su atención. Gracias por leerme, suscribirse y por compartir. Mil gracias.
Gracias por todo y por tanto. ✨💕
Nos vemos en la próxima. Un abrazo con mucho cariño…
María ✨📚🍀💕
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