
La vida es la suma de muchos días buenos.
✧
En una ciudad del norte de México existe un cronista y escritor de columnas a nivel nacional, bastante conocido, que en sus escritos siempre dice que tiene solo cuatro lectores.
Hace unos días le hicieron un reconocimiento por su trayectoria y, entre los elogios, confirmaron que tenía cuatro lectores… de cada cinco que leen en el país. Lo cual sin duda es cierto.
La verdad, a mí eso me emocionó mucho, porque yo también tengo cuatro lectores, en realidad son lectoras y sí, solo son cuatro. Pero mientras me sigan leyendo, yo seguiré escribiendo como si fuera una ganadora de un premio de literatura.
Resulta que una de ellas —y la más exigente de todas (Tita mi madre)— me dijo:
—Me gustó mucho tu último escrito. Solo tengo una duda: ¿tú lees lo que escribes?
La verdad me sorprendió su pregunta, pero respondí que sí.
Sabía que una crítica o enseñanza vendría después, así que le pregunté por qué.
A lo que ella respondió:
—Es que hay ocasiones en que te leo muy animada y otras con un nivel de tristeza que apachurra a cualquiera.
Creo que acaba de descubrir mi bipolaridad literaria autodiagnosticada. O simplemente le sorprende que haya tenido últimamente el descaro —es broma— de sentir (y escribir) lo y como me siento.
No es fácil ver que alguien tenga altas y bajas, porque comúnmente nos fabricamos una versión perfectamente feliz, o triste, o enojada —o lo que sea— de nosotros y de los demás. Esa versión nos permite enfrentar este mundo medio loco y bastante complicado.
Algo así como un personaje que creamos para ayudarnos a sobrellevar la vida o aquello que nos da miedo, confiando que se convertirá en nuestro mejor escudo para no sufrir. Y podría no ser tan malo si esa versión no fuera tan desgastante.
Sé que entendernos o aprender a conocernos no es sencillo. Somos cambiantes: pasamos de la felicidad a la tristeza continuamente. Y les aseguro que la mayoría no tenemos ni bipolaridad ni algún trastorno; simplemente, al igual que los días, ninguno es igual al otro… y así también somos nosotros.
Hoy yo estoy intentando llevarme mejor con todas mis versiones, aunque en ocasiones algunas sean un poco tristes.
Así que acepto que algunos días soy…
La Mujer Maravilla intentando salvar al mundo y, en otros, no puedo salvarme ni de mí misma.
Hay ocasiones en que confío plenamente en que mi futuro será muy hermoso y hay días en que el futuro es el día de mañana… y no pinta nada bien.
Otros días me siento la mujer más sexy del mundo y al siguiente creo que mi compadre tiene razón y estoy bien fregada.
Unos días tengo la frase y la respuesta que ayudan a cualquiera, y otros no sé qué decirme para levantarme de la cama.
Pero lo que sí sé es que todos los días aprendo a quererme así, aun cuando no me siento ni la más bonita, ni la más inteligente, ni la más importante. Aún así creo en mí, tengo fé en Dios. Y sigo intentándolo.
Porque estoy aprendiendo a aceptarme con todo lo que soy: luz y sombra, miedos, heridas, aciertos, fe, una sonrisa amplia, perfectamente imperfecta y unas ganas inmensas de ser yo misma.
Igual que como canta Lupita D’Alessio… (canten fuerte conmigo):
🎶🎵🎼
Porque soy mujer como cualquiera
Con dudas y soluciones
Con defectos y virtudes
Con amor y desamor
Suave como gaviota
Pero felina como una leona
…
Con todas las incoherencias que nacen en mí
Fuerte, sexo débil
🎶🎵🎼
Y si por alguna extraña razón alguien más que mis cuatro lectoras está leyendo esto y resulta que eres hombre, déjame decirte algo: esta montaña rusa no es exclusiva de nosotras; a ustedes les pasa exactamente lo mismo.
Porque a quienes se les ha exigido con más fuerza que no expresen, no sientan, no externen y que carguen con todo… es a ustedes.
A nosotras nos han dicho que calladitas nos vemos más bonitas, y a ustedes que los hombres no lloran. Y ambas cosas son terribles.
Por todo eso andamos tantos —hombres y mujeres— buscando terapia y tratando de entender nuestras versiones y de sanar heridas de la infancia… cuando ya somos bastante mayorcitos.
Así que sí, puede que no todos los días sea mi mejor versión, pero intento ser mi versión más honesta. Y, sobre todo, intentaré siempre que mis versiones más malvadas (inserte risa maquiavélica aquí) hagan el menor daño posible.
Una versión que no se queda callada aunque no sea tan “bonita”, pero que tampoco grita si no es necesario.
Porque asumir quién soy y permitirme serlo también implica asumir las consecuencias de ello.
Darnos la oportunidad de conocernos, de aceptar incluso nuestros desaciertos, no es tarea fácil, pero se puede. Hazlo. Vive todas tus versiones. Disfruta lo genial de ti, asume tus responsabilidades, pide perdón cuando hayas lastimado, aprende de tus errores para no repetirlos y da lo mejor de ti, aunque nadie lo vea.
Solemos juzgar —y ser juzgados — únicamente por los tropiezos, por lo que fallamos o por lo difícil que ha sido levantarnos. Pero eso es sólo una parte de nosotros, nuestro lado bueno es mucho más importante que nuestras fallas.
Te contaré una historia sobre esto.
Una mujer llegó con un tatuador y le pidió que le tatuara un número: 396.
Sin adornos ni extravagancias, solo el número limpio en su muñeca.
El tatuador notó que estaba muy conmovida, pero hizo su trabajo sin preguntar.
Cuando terminó, ella comenzó a llorar. Le dio las gracias, le pagó de más y, antes de irse, le pidió algo:
—¿Puedes prometerme que guardarás la plantilla? Y si algún día alguien viene a tatuarse su tristeza, enséñale este número y dile que una madre vino a tatuárselo porque fueron los días en que su hija estuvo limpia y luchando por sanar de sus adicciones.
Durante esos 396 días ella fue su mejor versión. Hace tres días recayó y una sobredosis acabó con su vida.
Todos recordarán solo eso: su recaída… su peor día.
Pero yo no quiero olvidar sus 396 días buenos.
✧。
(◍•ᴗ•◍)
Y tal vez ahí está uno de nuestros grandes errores: recordamos demasiado los días malos y olvidamos la enorme cantidad de días en los que sí lo intentamos, sí nos levantamos y sí fuimos nuestra mejor versión.
Porque la vida, al final, no es solo los días malos. También es la suma de muchos días buenos… casi siempre muchísimos más.
Así que date permiso.
Permiso de sentir, de equivocarte, de volver a levantarte y de no tener todas las respuestas.
Date permiso de no ser perfectx.
De no ser siempre fuerte.
De no tener claro el camino todos los días.
Y sigamos aprendiendo, creciendo y entendiendo que, tal como somos hoy, ya somos suficientes..
Con todo y mis contradicciones… aquí sigo.
Carta a mis cuatro lectoras
Ojalá nunca se olviden de quererse en sus días grises y sentirse orgullosas en sus días soleados.
Y si hoy no fueron su mejor versión, no importa… mañana volveremos a intentarlo.
Gracias por seguir aquí. Gracias por ser una gran compañía, por compartir, comentar y por todo lo que hacen para demostrarme tanto cariño.
Gracias a todos sin importar cuántos sean, para mí parecen millones.
Un abrazo con mucho cariño…
María 📚🍀💕✨🕯️
Sígueme también en redes sociales 🙏🏽
Y te invito a visitar mi tienda virtual. Encontrarás mi libro digital 📚 Las Recetas de la Abuela – para acomodar el alma .
(◍•ᴗ•◍)✧*。
Replica a María Q.✨️ Cancelar la respuesta