Donde todo parecía terminado… apenas estaba empezando.

Suelo no escribir de religión, no porque no crea o no esté convencida, lo hago porque respeto a quienes no creen o profesan otra religión.


Además, mi padre, dentro de sus muchas enseñanzas, me dejó una: siempre hay que hablar con seguridad, hablar aunque uno dude de su capacidad. Solo no hay que hacerlo de religión, política o fútbol (refiriéndose a cualquier fanatismo), porque suele generar muchos conflictos. Pero si ya te meten a la conversación, defiende tu postura con la paz y seguridad que te da la certeza de lo que tú crees.


Pero hoy, en este domingo especial, me gustaría platicarles de algunas cosas que he comprendido. Quizá me tarde algún tiempo en hacerlo, pero que espero les puedan ayudar como a mí. Aunque no soy la mejor hablando de religión, ni creo tener la calidad moral de hacerlo y mucho menos quiero convencer a alguien.


Además, hace años, un compañero de la secundaria, cercano al judaísmo, me enseñó una de las lecciones de fe más hermosas que he escuchado:


Nadie debería tratar de convencer a otro de que profese cierta creencia. Nuestra vida debería ser ejemplo de nuestra fe; y eso debería hacer que alguien quiera acercarse a ella.


Así que intentaré vivir de mejor manera lo que he podido ver más claro últimamente:


El amor se entrega sin condiciones. La cruz no fue solo dolor, fue una entrega de fe. El amor de verdad implica darse, incluso cuando duele, aun cuando no sea recíproco. Porque el amor verdadero tiene más de ida que de vuelta. Se trata de quién eres y de lo que tienes para dar. Y el amor más puro debe ser hacia nosotros mismos y hacia lo que creemos. Sin duda, el amor nos hará libres.


Amar también es cuidar el corazón del otro. Una de las últimas palabras de Jesús fueron: «Madre, ahí tienes a tu hijo; hijo, ahí tienes a tu madre». Nuestro dolor jamás debe invalidar el dolor de los demás. Sostener a otros cuando uno mismo se está rompiendo es permitir que ese amor también nos repare.


El perdón libera más a quien lo da. «Perdónalos, Señor, porque no saben lo que hacen». Es la señal más clara de que perdonar no es debilidad, sino una forma de libertad interna. Es cerrar ciclos, es permitirnos resucitar por dentro.


El silencio también es parte del proceso. Él no murió y resucitó de inmediato; hubo un día —de viernes a sábado— de silencio, de incertidumbre, de personas que creyeron que habían ganado, de oscuridad. Un día donde parecía que nada estaba pasando, pero todo estaba ocurriendo. Ahí, donde parece que todo es oscuro y no hay nada por hacer, es precisamente donde Dios te está preparando para lo mejor. Ten fe, lo mejor está por venir.


No todo el que duda está perdido. «Si no veo en sus manos la señal de los clavos… no creeré». Tomás el Apóstol dudó, pero aun con sus dudas, Jesús le dijo: pon tu dedo. No lo despreció ni lo hizo a un lado. Le permitió convencerse. La fe no es perfecta; siempre tendrá momentos de duda, porque es ahí donde realmente nos encontramos.


Siempre hay un nuevo comienzo. El sepulcro vacío es la mejor muestra de que todo puede volver a iniciar. Solo bastaron tres días para que Dios cumpliera su promesa.


Y la última, que no es de la Biblia, sino de  la Madre Teresa de Calcuta: no importa si nadie te cree, si no confían en lo que puedes hacer, si no te aman como tú amas, si no te valoran… al final, nada tiene que ver entre tú y los demás. Todo es entre Dios y tú, al fin de cuenta. Y eso es lo que realmente importa.


Hay una canción que me encanta y espero que la escuches. Para mí es un himno de fe y de esperanza, se llama Sueño imposible.


🎵🎶🎹

Con fe lo imposible soñar
Al mal combatir sin temor
Triunfar sobre el miedo invencible
En pie soportar el dolor
Amar la pureza sin par
Buscar la verdad del error
Vivir con los brazos abiertos
Creer en un mundo mejor

Si hubo quien despreciando el dolor
Combatió hasta el último aliento
Con fe lo imposible soñar

🎵🎶


Y recuerda…

Dios no permite pruebas para romperte, sino para moverte. Porque a veces, el amor más grande no es el que te deja donde estás cómodo… sino el que te empuja a convertirte en quien estás llamado a ser.


Confía. Aunque no entiendas. Aunque duela. Aunque parezca que nada está pasando.


Porque incluso en el silencio… Él sigue escribiendo tu historia.



Y un último aprendizaje de mi mamá: sirve siempre que puedas, da todo aunque a ti te falte. Y si tus manos no pueden ayudar, entonces júntalas para orar. Y con eso…habrás hecho suficiente.


Que tu fe —en lo que sea que habite en tu corazón— nunca se apague.


Y que siempre encuentres la fuerza para volver a empezar.


Gracias por todo y por tanto.
Gracias por leerme, por compartir y por todo eso tan lindo que hacen, que también alimenta mi fe de que esto vale la pena.


Con mucho cariño,


María 📚🍀✨🕯️❤️

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2 respuestas a «Con fe…»

  1. Avatar de radiantc1da497ac9
    radiantc1da497ac9

    Que bonito. Gracias hermosa.

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    1. Avatar de María Q.✨️

      Gracias mami ❤️✨

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