
Hay cumpleaños que se celebran… y otros que transforman.
Recuerdo el olor a chocolate y pastel mezclado con las mañanitas sonando antes de que abriera los ojos. Así empezaban mis cumpleaños
En unos pocos días será. Y sí, tenía que decirlo, porque las felicitaciones me gustan mucho.
Mi papá nos acostumbró a que ese día fuera casi como una fiesta patronal: las mañanitas para despertarte, un desayuno especial, tu comida favorita, pastel y, si se podía, fiesta.
Con el tiempo eso cambió.
Para mí, celebrar la vida se volvió viajar.
Los viajes y yo siempre hemos sido buenos amigos.
Pero entre todo ese folclor, desde hace algunos años se coló algo distinto:
una sensación extraña, que se presentaba con una pregunta incómoda: ¿qué estoy haciendo con mi vida?
Esa idea de que el tiempo pasa y que aún falta tanto por lograr.
Dicen que es la crisis de los 40, 50, 60.
Yo creo que desde los 30 empieza a aparecer. Que te hace cuestionarlo todo, es como si sintieras que el tiempo se te esta acabando
A esto súmenle que ha habido momentos donde dolió más de lo que me gusta admitir; momentos en los que me sentí perdida, cuestionando si iba en el camino correcto.
La verdad es que yo siempre he hecho muchas cosas que me gustan, es más hasta tenía una frase para justificar mis locuras:
“Ni de recuerdos se vive, ni de amores se muere.”
Con eso me convencía de que el pasado no importaba, de que siempre había que seguir, hacer más, buscar más.
Detenerse no era opción y enamorarse, menos… ups.
Y sí, funcionaba. Me llevó a vivir momentos intensos, emocionantes, inolvidables. El problema es que nunca era suficiente. Apenas terminaba algo y ya quería lo siguiente.
Mirar atrás no era reconocer; era confirmar que todavía faltaba mucho.
Pero hoy algo cambió. Quizá me cansé de correr… o quizá la vida me enseñó a pausar.
Hoy creo que sí vale la pena voltear atrás,
pero no para juzgar, sino para agradecer.
Darme cuenta de que todo ha valido la pena.
Que soy profundamente bendecida por tener a la mejor mamá del mundo. Que tengo personas —familia, amigos, compañeros— que hacen mi vida más ligera, más bonita.
Que el amor no llegó perfecto, pero sí dispuesto a construirse.
Que he conocido lugares increíbles y deseo que mis ojos nunca olviden lo que han visto, ni mis pies los caminos que han recorrido.
Que hay una ciudad que todavía cargo conmigo. No diré cuál, pero sé exactamente en qué calle entendí que el mundo era más grande de lo que creía.
Que tuve al papá más bailador y divertido del mundo. Que conocí a mi ángel de la guarda en vida, disfrazado de buen amigo
y que hoy, desde otro lugar, sé que los dos me siguen cuidando.
Que han pasado por mi vida personas que no se quedaron, pero que en su momento me hicieron profundamente feliz.
Que todo lo aprendido me ha permitido crear cosas nuevas, cosas que hoy disfruto y me llenan.
Que cada ciudad, cada viaje, cada encuentro me ha transformado.
También he aprendido a reconocer mis errores, a pedir perdón. Aunque he pedido perdón más veces de las que me han perdonado y sé que aún tengo algunos pendientes por decir. Y que todo eso también forma parte del camino.
Y hoy puedo decirte esto:
Que la vida no es fácil —nadie dijo que lo fuera—,pero vale profundamente la pena vivirla.
Que no importa cuánto tengas, sino lo que dejas en el corazón de los demás.
Que sí, hay que avanzar, crecer, buscar más, pero también merecemos reconocer todo lo que ya hemos hecho.
Que un abrazo sincero puede ser el mejor regalo, aunque, para qué negarlo, también me encanta abrir regalos.
Hoy no tengo la vida resuelta, pero tengo historia. Y que no he llegado a donde imaginaba, pero sí a donde necesitaba.
Si me preguntan cómo llegué hasta aquí, diré que a tropiezos, con maleta en mano y con mucho valor de por medio. Y que lo bueno, lo malo y todo lo que me trajo hasta aquí, sin duda, ha valido la pena.
Y ojalá, cuando te toque mirar atrás,
también puedas decirlo. ✨
Gracias por seguir aquí y por darme el mejor regalo de todos… Leerme y hacerme sentir acompañada.
Dios les multiplique por mucho, tanto cariño y que les permita voltear al pasado y darse cuenta que ha valido la pena
Nos vemos en la próxima, con mucho cariño.
María 📚🍀✨🕯️❤️
Acompañenme también en mis redes sociales o leyendo mi libro digital: Las Recetas de la Abuela – para acomodar el alma», que lo pueden adquirir en la tienda virtual. Gracias 😊
Deja un comentario