
Todos merecemos un aplauso de pie por lo menos una vez en la vida
Esta frase es del libro (y la película) Wonder. Y es muy cierta, todos deberíamos recibir el reconocimiento por lo que hacemos. No necesitamos haber descubierto la cura para una enfermedad extraña, ni haber ido al espacio, ni llenado estadios o conciertos.
Nuestras luchas diarias, nuestros pequeños logros por ser mejores o, incluso, el simple hecho de levantarnos de la cama cuando pesa la tristeza o el miedo, son batallas que realmente merecen un aplauso de pie. Y sería genial que así fuera.
Pero no es así y desafortunadamente no lo será. Y aquí es donde inicia el verdadero problema: no en esperar un aplauso, si no en buscarlo tanto que terminamos creyendo que lo que hacemos, solo tiene valor si alguien más lo aplaude o lo reconoce.
No me malinterpreten: no digo que no merezcamos retribución o reconocimiento por lo que hacemos. Lo grave es hacerlo solo por eso, porque entonces viviremos frustrados y tristes cada vez que alguien no note nuestras enormes batallas o esfuerzos.
Vivimos en la era del like y la instantaneidad. Y pareciera que todo lo que hacemos debe ser visto, validado y aplaudido. Entre más likes tengamos (= a aplausos), más exitosos parecemos… pero a veces más vacíos nos sentimos.
A mi generación —y a las anteriores— se nos enseñó que «Santo que no es visto, santo que no es adorado». Es decir, todo debía notarse; teníamos que triunfar y ser buenos, sin importar el costo, todo por un aplauso (hoy un like). Ahora las nuevas generaciones, cargan con ello y además con la inmediatez, esa combinación es complicadísima. Terminamos olvidando lo importante, por lo que se nota y lo momentáneo.
Te cuento una historia cortita
Una mujer muere y, al llegar al cielo, le pide a San Pedro regresar al mundo.
—Soy una gran doctora —dice—. La Tierra me necesita, estoy a punto de descubrir la cura para algo importante. ¿Cómo podría morir justo ahora?
San Pedro le responde:
—Cumpliré tu deseo de regresar con una sola condición. Dime, ¿quién eres?
—Sencillo —responde ella—. Soy Elena.
—No, ese es tu nombre.
—Soy una doctora exitosa que investiga una cura.
—No, esa es tu profesión.
—Soy hija, esposa y madre.
—No, esa es tu familia.
Después de varios intentos, frustrada, ella dice:
—No sé, me rindo. Realmente no sé quién soy. Todo lo que digo son cosas que otros dicen que soy o papeles que desempeño.
San Pedro le responde:
—Entonces, ¿cómo quieres que te deje regresar si no sabes quién eres? Eso pasa cuando todo lo haces buscando una apariencia o un reconocimiento. Se te olvida ser tú, por ser exitosa, trabajadora, madre, hija… y terminas olvidando lo mejor de ti.
Una pregunta para ti
Si San Pedro te preguntara quién eres, ¿sabrías responderle?
Pero no quién quieres ser para obtener un aplauso, sino quién realmente eres:
esa buena amiga, ese hombre bondadoso, esa persona solidaria.
¿Qué don te regalaron que es tan increíble que no necesita aplausos?
Otra forma de descubrirlo la menciona el psicólogo Walter Riso:
De todo lo que haces, ¿qué pagarías por hacer?”
Ahí está tu respuesta
Eso que nos hace felices, que nos define y nos hace sonreír el corazón. ¿Qué es?.
Y la pregunta más dura: eso que tanto sueñas y anhelas, ¿lo harías aunque nadie lo aplaudiera?
Recuerda: No se trata de no buscar un aplauso, sino de reconocer nuestro valor y amarnos tal como somos, sin depender de el. Eso sí: cuando llegue, disfrútalo. Te lo mereces.
Además, los aplausos no son tan malos… ya ves, José José los pedía para el amor ❤️
¿Cantamos?
🎶 Pido un aplauso para el amor que a mí ha llegado,
mil gracias por tanto y tanto amor… 🎶
Bueno, mejor no.
No es que cante mal, es que simplemente no se escucha muy bien 😅
Así que mejor nos damos el aplauso nosotros mismos. Nos recordamos lo mucho que valemos y, cada vez que podamos, aplaudamos a quien lo merezca y lo necesite. Le hará mucho bien.
El aplauso que uno se da, es el sonido más honesto de amor propio. Hazlo, sobre todo cuando las cosas parezcan insignificantes, ahí es cuando reconocerte a ti mismo marcará la diferencia.
Y haz las cosas con mucha pasión, aunque creas que nadie lo nota, porque lo increíble llega cuando no esperamos nada a cambio… Cuando dejamos que la vida nos sorprenda.
Así que nunca olvides …
Cuando aprendes a aplaudirte sin público, el alma entiende que nunca le faltó escenario.
Gracias como siempre por seguir aquí, leerme, suscribirse y compartir. Se los agradezco (y celebro) infinitamente 👏🏽.
Gracias por todo y por tanto ❣️
Y nos vemos en la próxima. Un abrazo grande y muchas bendiciones ✨. Con cariño…
María ✨📚💕🍀
.
Sígueme también en redes sociales 🙏🏽
Replica a María Q.✨️ Cancelar la respuesta