Hay fechas que no pasan. Solo se transforman.

21 años
son 252 meses con miles de posibilidades,
7,665 días aprendiendo a caer y a levantarse,
5 años bisiestos que regalaron un día extra para soñar que algún día entenderíamos el para qué de lo que vivimos,
273 lunas llenas iluminando decisiones, despedidas y comienzos,
o simplemente 21 vueltas completas al sol intentando comprender cómo un 11 de febrero de 2005 tu vida simplemente terminó.


Hace exactamente 21 años, a las 2:30 de la mañana, en un frío viernes, el silencio de un monitor nos dijo que la lucha por traerte de vuelta había terminado, que la pelea porque tu corazón siguiera latiendo ya se había perdido.
Mi padre se fue tomando mi mano.


Debo confesar que aún se siente un dolorcito que incomoda y las imágenes de ese momento son tan claras que parece que sucedieron ayer.


Pero ¿saben qué es lo más impresionante de todo?


Que he aprendido tanto de mi padre durante su vida… como después de ella.


Aprendí, con los años, a dejar de preguntarme por qué se fue.
Aprendí a transformar el llanto por su ausencia en gratitud por haber sucedido.


Entendí que quizá nadie le enseñó a ser el padre más amoroso, pero tampoco podría juzgarlo: hizo lo que pudo con las herramientas y conocimientos que tenía. Y lo hizo bien.


Hubo momentos en los que, cuando alguien me decía “eres igualita a tu padre”, no siempre sonaba como un halago.
Hoy, sin duda, es uno de mis mayores orgullos.


Me enseñó a enfrentar lo que viniera, a creer que si me lo proponía, lo conseguiría.
Quizá solo se le olvidó decirme que no todas las batallas se deben pelear; algunas se ganan evitándolas.
Lo bueno es que la vida me lo sigue enseñando.


Con él entendí que nuestra historia no es una línea recta, que puedo cambiar y ser lo que desee. Que la vida no tiene un guion establecido.


Que no todo tiene un tiempo predeterminado.


Que a los 20 no eres tan joven, ni en los 70 tan viejo.


Y algo que vi en él, y que la vida me ha confirmado en estos 21 años, es que siempre puedes:


✧ Cambiar de vida cuando lo desees.
✧ Cambiar de trabajo o emprender a los 20… o a los 50.
✧ Enamorarte a los cincuenta y tantos o descubrir el amor a los 17.
✧ Cambiar de país a los 60 o regresar a casa a los 40.
✧ Aprender algo nuevo a los 70 o terminar una carrera a cualquier edad.
✧ Volver a soñar sin importar cuántos años tengas.

✧ Obtener lo que deseas, pero no aferrándote, siendo hábil. Persuadiendo.
✧ Equivocarte, tienes ese derecho, pero debes asumir las consecuencias y aprender. La vida me enseñó que uno también debe disculparse.

✧ Y que siempre puedes dejar ir, porque la puerta esta muy ancha. Y que quien no quería estar, no hacía falta.


Con el tiempo entendí que la mejor manera de honrar una vida no es llorándola eternamente, sino permitiendo que siga teniendo sentido a través de nosotros.


En estos 21 años sin él, he descubierto que lo mejor de mi padre se quedó conmigo:
sus enseñanzas, sus dichos, su seguridad, su fortaleza.

Porque:

Siempre nos queda algo… de tanto y tanto que se nos va.


Mi padre me regaló muchas cosas. No hablo de lo material.
Me regaló seguridad, valentía, entrega, pasión.

Me regaló las ganas de no quedarme sentada cuando suena una buena canción.
Me regaló a los mejores hermanos.

Y me regaló a la mamá más increíble del mundo.


Pero, sobre todo, me regaló la certeza de que la vida no necesita cierto tiempo… necesita vivirse en plenitud.


Ah y que al final no importará cómo lleguemos, sino cuánto vivimos. Porque todo lo bueno en esta vida despeina y maltrata un poquito el cuerpo:
bailar, pasear, aventurarse, amar… vivir.


Fellus, hoy honro tu vida.
Qué enorme privilegio haberme encontrado contigo. Sigo creyendo que, sin duda, yo te escogí como mi papá.


Gracias por enseñarme tanto.
Gracias por tu historia y por permitirme escribir la mía.


Con todos estos años, también he aprendido que hay ausencias que no se cuentan en calendarios, sino en todo lo que seguimos siendo gracias a quien nos enseñó a amar.


Con todo mi cariño para ti, Papá, de aquí a la luna, dos vueltas y de regreso ❤️

Vivir es el mejor modo de recordarte.



Estas líneas no buscan compasión ni tristeza.


Buscan recordar que lo mejor de quienes se han ido también es todo lo que quedó en nosotros.


Que todo en esta vida tiene un ciclo.
Y que, aun sabiendo cuánto dolería su partida, lo volvería a vivir…
con tal de volver a tener todo lo bueno que fue parte de nuestra historia.


Gracias como siempre por leerme. Gracias por acompañarme. 🖤


¡Ah! Y ojalá que la vida siempre los pille bailando.


Un abrazo grande, con mucho cariño.


María 📚❤️✨🍀🕯️

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4 respuestas a «Siempre nos queda algo…»

  1. Avatar de radiantc1da497ac9
    radiantc1da497ac9

    Hermoso. Gracias, Gracias, Gracias.

    Te acompaño en tus recuerdos.

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    1. Avatar de María Q.✨️

      Gracias ☺️ gracias por todo y por tanto mami ❤️

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  2. Avatar de operqui

    Tu Papá siempre vivirá en ti, mi admiración Ilse por tu fortaleza, me encanto que en un escrito tan breve transmitas demasiado. definitivamente tu Papá está orgulloso de verte día con día con esa convicción que te caracteriza para vivir la vida al máximo y coincido es la mejor forma de recordarlo.

    Abrazo fuerte!

    OPQ

    Le gusta a 1 persona

    1. Avatar de María Q.✨️

      Gracias Tavo muchas gracias por tus palabras, de verdad son un apapacho al alma

      Muchas bendiciones y el abrazo va de regreso

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