
Hoy este escrito tiene soundtrack, si pueden escuchen la canción: Antes de que nos olviden, de Caifanes. Así suena mi historia del día de hoy.
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Hay una serie en la plataforma de Amazon que se llama «Nadie nos va a extrañar».
La historia, en resumen, es de un grupo de estudiantes que están en el último año de preparatoria, 4 personajes que van creando una amistad, una identidad y su futuro.
Todo se desarrolla para el último año, es 1995. Por cierto, exactamente en ese año yo terminaba la preparatoria y me iba a la universidad.
Si ya podrán sacar más o menos cuál es mi edad. 🫣
Al momento de ver la serie, poco a poco se me vinieron muchos recuerdos. La forma como nos vestíamos, de hablar, los bailes, la música increíble y sobre todo esa manera de ver el mundo y el amor.
Esas amistades que asegurábamos durarían eternamente. Esos primeros amores que, con un poco de suerte, serían un cuento de hadas y viviríamos felices para siempre.
Estábamos convencidos que lograríamos nuestros sueños o eso que queríamos ser, o simplemente vivíamos la vida en ese momento, sin importarnos ni preocuparnos por el mañana.
Asegurando que nadie nos iba a extrañar, porque no perderíamos nunca a nadie.
Pero algo sucede con el tiempo, con los años y con los daños, fuimos olvidando todo eso genial, divertidos y seguros que éramos.
Olvidamos, incluso, cómo dolía de verdad. En ese tiempo los dolores eran verdaderos dramas y no esto de ir por la vida fingiendo que nada duele, nos comportamos como si las decepciones no dolieran y fingimos superarlas de inmediato, porque ser vulnerable actualmente es peor que maldecir en una iglesia en plena Semana Santa.
Y de repente, sin darnos cuenta, nos convertimos en alguien muy diferente, en ese alguien que ni uno mismo extrañaría.
Es como si el tiempo nos fuera cansando poquito a poquito y la vida nos obligara, o en realidad nosotros mismos, a ser fuertes, impecables, inteligentes.
Y lo peor es que mientras otros admiran eso, nosotros nos seguimos sobrecargando mucho más de lo que podemos. Porque nos es muy difícil sentirnos suficientes.
Nos comenzamos a medir por lo que producimos, cuánto sostenemos a los demás y cuántos soportamos sin rompernos. Nos medimos en qué tan útiles somos y perdimos la esencia de hacer todo de verdad.
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En ese tiempo si había que dormir, se dormía sin preocupaciones; si nos enamorábamos, lo hacíamos cursimente; todo se hacía como si nos fuera la vida en ello… con pasión.
O por lo menos mi generación sí era así.
Vivíamos viviendo, haciendo amigos aún con esos últimos tintes de niños que juraban con el dedo chiquito que estaríamos juntos para siempre.
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Y no solo eso: asegurábamos que nos comeríamos al mundo. Y un día, sin darnos cuenta, luchamos en una guerra interminable por tratar de que el mundo no nos coma a nosotros.
Con los años las amistades se fueron y los amores cambiaron, y nos volvimos tan resilientes que quizá ya no nos damos cuenta de que algo nos está doliendo.
Así que hoy quiero no sólo recordar esa época, quiero volver a sentir así, quiero que antes de que nos olviden, hagamos historia. La nuestra, algo de esos adolescentes que amaban de verdad la vida, debe quedar por ahí.
Quizá haya que buscar a algun amigo que aún recuerde lo increíble que somos, o le volvamos a dar una oportunidad al amor. Ya sea reconstruir el que lleva tantos años y recordamos lo genial que fue al principio. O quizá algo mejor, qué tal si somos honestos y también confesamos lo que por nuestra culpa hemos destruido, y lo volvemos a construir.
O si no lo tenemos, darnos la oportunidad de abrirle la puerta, pero no perseguirlo, si no convirtiéndonos en todo eso que pedimos en los otros. Para que ese amor bonito llegué.
No estoy diciendo que finjamos o nos convirtamos en alguien que ya no somos, es regresar a ese yo de hace algunos años, que nos recuerde eso que nos hacía bailar sin preocuparnos, soñar con la firmeza de que se haría realidad y, sobre todo, que volvamos a ser nosotros y estemos seguros que si alguien pregunta.
¿Nadie nos va a extrañar?
Respondamos que sí, que sin duda sí habría alguien que nos extrañaría. Porque recordamos como es amar y amarnos de verdad.
Pero lo más importante, que no nos extrañemos nosotros mismos. Ni volvamos a permitirnos perdernos.
Y como dice la canción… antes de que nos olviden, romperemos jaulas y gritaremos la fuga.
Porque no hay que condenar el alma.
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¿Bailamos?.
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Con cariño …
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María 📚❤️🍀✨🕯️
No olviden que nos vemos también en …
En YouTube encontrás otra Perspectiva de María 🎥🎧🎙️.
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