• A veces, solo se necesitan 8 minutos para escuchar, acompañar y salvar a alguien del silencio que lo destruye.

    Cuanta valentía se necesita para sacarse a uno mismo de un lugar oscuro. Ese lugar donde la mente se vuelve un laberinto, donde el dolor pesa tanto que parece que no hay salida.

    Ese lugar, que desde fuera a veces se percibe como depresión, muchas otras veces se esconde detrás de una sonrisa. Una sonrisa que oculta el caos interno y evita que otros puedan ofrecer ayuda.

    ¿Sabías que septiembre es el mes de la prevención del suicidio? Solo la palabra impone, duele, suena irreal. Uno cree que esas cosas “les pasan a otros”. Yo misma podría decir que, afortunadamente, nunca conocí a alguien que lo haya intentado. Pero la verdad es que no lo sé. Quizá sí, y no lo vi. Y eso es terrible.

    Desafortunadamente, el suicidio es la tercera causa de muerte entre jóvenes de 15 a 25 años, y una de las principales en adultos de 45 a 54 años. El impacto no recae solo en la persona, sino también en la familia, los allegados y la sociedad. Lo más preocupante es que estas cifras siguen creciendo.

    Hoy en día, no se trata únicamente de problemas de salud mental severos. El bullying o situaciones que creemos “insolucionables” también pueden llevar a alguien al límite. Incluso, hay casos donde la decisión se toma sin planearlo previamente.

    Hablar de ello no hará que más personas quieran hacerlo. Pero hablar de nuestra realidad y de cómo poder evitarlo nos permite entender a los demás y saber cómo apoyar. Podemos ser la diferencia. Y no solo para evitar un suicidio: ser un apoyo para sacar a alguien de su tristeza ya es un acto de gran ayuda.

    Vivimos tan concentrados en nuestras propias batallas que muchas veces el dolor ajeno pasa desapercibido. No nos culpemos, todos cargamos con tristezas disfrazadas de sonrisas, con dolores escondidos en un “estoy bien” y con vacíos que intentamos llenar de cualquier forma. Pero el silencio de los demás no siempre significa que estén bien.

    La tecnología, que debería conectarnos, a veces nos hace sentir más solos. Nos muestra vidas “perfectas” que no son reales y nos empuja a compararnos, creyendo que siempre hay un prado más verde, hasta que dejamos de ver lo que realmente importa.

    Por eso, el apoyo de la gente que nos quiere y a quienes queremos puede ser vital. Esa red de ayuda no necesita ser grande ni estar disponible 24/7; solo tiene que ser real. Son como salvavidas: no los necesitas todo el tiempo, pero reconforta saber que están ahí cuando se requiere, aunque sepamos nadar.

    No se trata de “usar” a las personas, sino de ser útiles, de acompañarnos. Ayudar no siempre es resolverlo todo: a veces basta con escuchar. Escuchar de verdad, sin interrumpir, sin juzgar, sin dar soluciones rápidas. Recordemos que tenemos dos oídos y una sola boca: escuchar puede ser el mayor acto de amor.

    Cuando mi papá falleció, estaba sola en el hospital. Una mujer que nunca había visto se acercó, me abrazó y me dijo:
    “Dios nunca abandona. Vas a ver que estarás bien.”

    Jamás la volví a ver, es más no recuerdo su rostro, pero sí el calor de ese abrazo. En ese instante, mi corazón sintió un respiro. Y fue de una persona extraña que tuvo instante para mí.

    He tenido la fortuna de conocer más personas así: mi madre, mis hermanas, mis tías y primas, especialmente mi tía Angie y mi prima Mayra y varios amig@s y conocidos que han marcado la diferencia en mi vida. Todos ellos han sido ángeles, disfrazados de familia, amigos, compañeros o simples mortales que te salvan la vida, y quizá ni cuenta se han dado. (Gracias inmensas por ello).

    Por cierto, mis historias no son para que sepan sobre mí; lo hago para que recuerdes tus propias historias, quizá similares o incluso mejores, y te des cuenta de toda la magia que hay a tu alrededor.

    Pero con respecto al tema de tener una red de apoyo, no todos logran tenerla, porque quizá como yo, no saben pedir ayuda. Y cuando se trata de no querer seguir, pedir ayuda y que te la den puede ser la diferencia entre la vida y la muerte. Las personas que toman esta trágica decisión casi siempre dieron señales antes. A veces las hicieron en voz baja, otras en broma, otras con un “estoy cansado” que nadie quiso escuchar.

    Y en ocasiones, bastan solo 8 minutos de escucha para cambiarlo todo. Ocho minutos para que alguien se sienta visto, acompañado, menos solo.

    Si hoy te sientes vacío, roto, cansado, sin salida… habla. Busca a alguien en quien confíes. Escribe. Levanta la mano. No tienes que cargar esto solo.

    💛 Vales mucho. Eres suficiente. Tu vida importa. Siempre habrá alguien que quiera escucharte.

    Y si no sabes cómo pedir ayuda, te propongo algo: crea con tu gente cercana una señal, una frase que signifique “necesito que me escuches”, algo tan sencillo como:

    “¿Tienes 8 minutos?”

    Así sabrán que algo importante está pasando y que necesitas apoyo. Y si tú recibes esa pregunta, detente, escucha, acompaña.

    Porque 8 minutos pueden ser la diferencia entre rendirse o seguir luchando.
    Ocho minutos pueden ser el abrazo que alguien necesita para elegir quedarse.

    Hoy te invito a ser parte de esa red de apoyo para alguien más. Escucha, pregunta, ofrece un café, un mensaje, un abrazo. Sé el salvavidas de alguien, aunque no sepas nadar en su tormenta.

    Tu vida importa. La de todos. Hazles saber a quienes amas —y a ti mismo— que siempre harían falta.

    La vida es más bonita porqué tú estás aquí 🍀✨♥️

    💛 Pedir ayuda es un acto de valentía. Escuchar también lo es


    📞 Si necesitas ayuda, aquí hay líneas de apoyo, que también están a tu disposición:

    México:

    Línea de la Vida: 800 911 2000 (24/7)
    SAPTEL: 800 472 7835 (24/7, atención emocional)

    Alemania:
    TelefonSeelsorge: 0800-1110-111 o 0800-1110-222 (24/7, gratuito)

    Costa Rica:
    ACEPS (Prevención del Suicidio): +506 4081-9326
    Aquí Estoy: +506 2272-3774

    Perú:
    Ministerio de Salud – Línea 113: opción 5 (24/7)

    Chile:
    Línea Salud Responde: 600 360 7777 (Opción 1)

    Colombia:
    Línea 192: opción 4 (orientación en crisis emocionales)

    USA
    Lifeline USA: 988


    Internacional:
    Befrienders Worldwide: https://findahelpline.com


    Gracias como siempre por leerme, seguirme y compartir, quizá pueda llegar a alguien que le ayude. Gracias por ser mis 8 minutos que tanto bien le hacen a mi corazón ❤️💕

    Gracias por todo y por tanto ❤️

    Nos vemos en la próxima. Un abrazo y mis mejores deseos para que siempre te sientas acompañad@. Con cariño…

    María 🍀💕✨📚

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  • Quiero proponerte un ejercicio, sí, otro de mis ejercicios 🤭.

    Mira la imagen en la foto de arriba:
    ¿Qué ves?

    Probablemente habrá varias respuestas: un punto negro, una mancha, un cuadrado con un círculo negro, una gota… y una interminable lista de opciones.

    Si lo analizamos con calma, notaremos que la hoja es en su mayoría blanca y que ese pequeño punto apenas ocupa una mínima parte de la superficie. Sin embargo, casi todas las respuestas serán sobre lo negro.

    Un maestro hizo este ejercicio con sus alumnos para mostrarles esa tendencia, mencionándoles que así solemos funcionar: nos enfocamos en lo negativo, en el error, y olvidamos todo lo positivo que lo rodea.

    Y es verdad: se habrán dado cuenta de que podemos hacer diez cosas bien para alguien, pero si fallamos en una, esa sola acción puede definirnos ante sus ojos. Y nosotros solemos hacer lo mismo.

    Piénsalo: ¿cuántas veces hemos dejado de hablar con alguien —o nos han dejado de hablar— por un error? ¿Y cuántas veces se olvidó todo lo bueno que existía antes? Como si la última acción, si fue mala o no la que esperábamos, tuviera el poder de borrar todo lo demás. Y el saldo final lo convirtiera en negativo.

    Una historia personal…

    Les voy a contar algo real, juzguen ustedes la historia.

    Hace muchos años, cuando Tita —mi madre— fue hospitalizada para una operación debido al cáncer, todo estaba programado y debía ser algo sencillo, pero se complicó y terminó en terapia intensiva: un caos terrible.

    Fue un momento muy duro, pero también lleno de muestras de cariño y solidaridad que nunca olvidaré. (Si no recuerdan la historia, les invito a leer mis escritos anteriores… ¡gracias por hacerlo! 😉).

    En aquel entonces hubo ayuda de muchos lados, incluso de personas que jamás pensaríamos que lo harían, y que fueron un gran apoyo.

    Por ejemplo, en mi trabajo de ese momento se portaron increíble. Mi jefe me dio todos los permisos necesarios y mi equipo me respaldó maravillosamente. En ese tiempo había dos responsables de operaciones: uno organizó una colecta con su gente; el otro, a quien llamaré Efraín, junto con su familia y colaboradores, hicieron comida para vender y me entregaron lo recaudado.

    Para que entiendan un poco mejor: a Tita la operaron en un hospital particular, y lo que en un inicio iba a costar aproximadamente $80,000, por las complicaciones terminó en más de $220,000. Como se darán cuenta, en esas circunstancias, cualquier ayuda, por pequeña que pareciera, era un milagro.

    Gracias a Dios, Tita salió adelante. Sin duda, volveríamos a pagar esa cantidad o cualquiera por ella. Y créanme: cada peso y cada gesto de apoyo en ese momento nos sostuvo en pie.

    El giro inesperado…

    Cuatro años después, las cosas cambiaron. Ese mismo trabajo, donde había durado muchos años y fui muy feliz, se terminó y se convirtió en una gran lección de vida, marcada por tres personas que hicieron que todo fuera doloroso y difícil. Uno de esos nombres, sí, era Efraín. Los demás, la verdad, no son nada relevantes.

    Años más tarde, supe que él tuvo una salida complicada de esa misma compañía.

    Hace unos días, no sé por qué, platicando con mi madre sobre el pasado salió su nombre y me dijo algo que me marcó:

    | “Podrás decir lo que quieras de él, pero pagó en carne propia lo que hizo y el apoyo que nos dio en ese momento vale más que cualquier cosa. Así que siempre pediré por él y le estaré eternamente agradecida”.

    Lo que aprendí…

    Mi madre tiene razón: uno debe valorar, de igual manera, lo bueno que la gente ha hecho por nosotros y darles el peso correcto a las acciones. No digo que debamos pasar por alto lo negativo, pero sí darle el valor real… Todos cometemos errores.

    No juzguemos a las personas por una falla y mucho menos a nosotros mismos. Somos, sin duda, el resultado de todo lo que hacemos: los aciertos y los errores.

    Además, siempre hay algo bueno en lo malo que pasa. En este caso, reconozco que si no me hubiera salido de esa empresa, aunque fuera por motivos dolorosos, tal vez seguiría ahí por costumbre, o me habría ido por hartazgo. Y quizá nunca hubiera vivido las experiencias maravillosas que vinieron después.

    Creo firmemente que Dios —o el universo, o como prefieras llamarlo— te da señales cuando algo terminó y, si no haces caso, te incomodará para que te muevas. Y las personas “que te hacen algo” son, en realidad, instrumentos para impulsarte hacia tu crecimiento.

    Por eso, aunque no sé si el saldo final con Efraín fue positivo o negativo, sé que nunca olvidaré lo que hizo por nosotros. Ese gesto fue un apapacho para el alma. No creo que requiera volver a verlo, pero sí estoy segura de que me gustaría saber que todo está bien en su vida y que él sepa que le deseo lo mejor.

    En resumen…

    Valoremos a las personas por todo lo que son (lo bueno y lo malo). A quienes han estado con y para nosotros, a quienes alguna vez nos tendieron la mano, no los descartemos solo por un tropiezo. Hay relaciones, personas o momentos que se vuelven más fuertes después de superar un error o perdonar.

    Dato importante: tampoco se trata de justificar a quienes nunca han aportado nada bueno o han sido dañinos de forma constante. A esos, mejor agradecerles y dejarlos seguir su camino… así de lejecitos.

    También habrá quienes deban irse a raíz de algo malo, porque ya cumplieron su objetivo en nuestra vida. En ese caso, déjalos ir, pero no los recuerdes con rencor.

    Eso sí: no perdamos a la gente que sí vale y aporta, por un error que cometió.

    No te quedes con el punto negro en el papel, mejor recuerda todo el espacio en blanco que también existe. Con las personas —y contigo mismo— pasa igual: no solo somos un error, somos la suma de todo lo que hemos hecho bien.

    Puntos negativos siempre habrá, pero la vida y las personas te darán más hoja en blanco que manchas. Enfócate y valora eso. Date la oportunidad de ver todo lo bueno de los demás antes que lo malo.

    El mundo no va a cambiar, ni requiere hacerlo. Cuando cambiamos nosotros y la forma en que lo vemos, nos damos cuenta de que es diferente… y maravilloso.

    No lo olvides: todos cometemos errores, pero también muchos aciertos.


    Como siempre, espero que te haya gustado mi escrito y mil gracias por seguir leyéndome, por sus porras, por sus mensajes tan lindos, por sus comentarios, por seguir creyendo en esto y hacer todo lo posible por hacerlo crecer.

    Gracias al doble a quienes me han recomendado y por suscribirse. Que Dios, el universo —o en quien crean— les multiplique por mucho sus bendiciones 🌟.

    Gracias por todo y por tanto ❤️

    Nos vemos en la próxima. Un abrazo grande.

    Con cariño…

    María ✨💕📚🍀

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  • ¿Alguna vez se han preguntado qué es realmente la grandeza?

    Obviamente no hablo de estatura. Por ejemplo, mi madre y Don Señor (que superan el 1.80), o una de mis hermanas (que casi llega a esa medida), serían grandísimos por su altura… y sí, lo son, pero no sólo por eso. En realidad, son seres humanos extraordinarios que me han demostrado que la verdadera grandeza viene de la esencia, no del tamaño.

    Déjenme contarles algunas anécdotas relacionadas con su altura y la mía, para que se diviertan un rato:

    Normalmente los hijos, en algún momento, alcanzan a mirar a sus padres a los ojos. Conmigo nunca pasó. Imaginen a una niña que, con el paso de los años, jamás alcanzó a su madre. Le tenía miedo, aunque ella diga que no. Sí, ese ha sido un pequeño trauma para mí. Con muchísimo esfuerzo llegué apenas al 1.70 😔.

    Cuando conocí a la entonces pareja de mi hermana, yo tendría unos 17 años. La primera vez que me vio, dijo: “Uy, sí se parece a ti… pero en versión chiquita”. 🙄 Lo peor es que ni siquiera era tan alto.

    El día que conocí a Don Señor, fue gracias a mi mamá. Apenas me vio, le dijo: “¿Y esta por qué salió tan zotaca?” (dícese de la palabra usada para referirse a chaparritas rechonchitas). Yo ni lo conocía y así me recibió. Por cierto, apenas caigo en cuenta de que, además de chaparra, también me llamó gordita. Nada más porque eso fue hace más de 18 años, que si no, hubiéramos tenido un problema muy serio. 😒

    Pero dejemos mis traumas de estatura para otra ocasión y volvamos al tema importante:

    ¿Qué es realmente la Grandeza?

    Como habrán notado, no tiene nada que ver con la estatura, tampoco con el dinero, ni con el éxito o el reconocimiento. Déjenme mostrarles con algunos ejemplos lo que quiero decir:

    Mi mamá, Tita, tiene el don de alimentar, no solo el cuerpo, también el alma, con sus consejos. Cualquiera que la visite sabe que siempre encontrará un taquito y unas palabras que llenen el corazón.  La grandeza está en poner nuestros dones al servicio de los demás.

    Mi hermana ha trabajado muchos años en el mismo lugar. Cuando era joven pensó en cambiar de trabajo para buscar el “éxito”, pero descubrió que ya lo tenía en sus manos. Decidió volver, porque entendió que hacer su trabajo con pasión y propósito le traería grandes recompensas. Y así ha sido. Verla hablar de lo que hace, todo lo que ha logrado y cómo la siguen miles de personas a su cargo es impresionante. Ella lo hace parecer fácil, pero le aseguro que no lo es.   La grandeza también está en amar lo que hacemos y darle significado.

    Pero no sólo es grandiosa por su trabajo, ella me ha dado, sin duda, uno de los mejores apoyos que he recibido en este proceso de reencontrarme, un día dijo: «yo aquí estoy lista y preparada por si lo requieres». Y lo ha demostrado, ha sido un pilar en mi camino a sanar. Gracias inmensas por eso. La grandeza está en ser un salvavidas, aunque la gente sepa nadar.

    Cuando mi prima enfrentó un grave problema de salud y necesitó donadores de sangre para una operación delicada, Don Señor acababa de perder a su madre. Al día siguiente de su funeral, estaba donando sangre para ella.  La grandeza también está en ayudar incluso en medio del dolor.

    Y un ejemplo lindísimo es el del padre Patricio Quinn. En una entrevista, demostró que la grandeza no depende del lugar en el que estés, sino de lo que hagas en el. Él fue un sacerdote irlandés, nacido en 1930, que llegó a Saltillo, Coahuila en los años setenta, con el objetivo de apoyar a la gente vulnerable. Fundó varias iglesias en sectores del oriente de la ciudad y ayudó a muchísimas personas. Falleció en 1997, pero su labor fue tan grande que la comunidad pidió que se iniciara su proceso de canonización.

    Cuando pueda lea sobre el padre Quinn, le gustará. Y esto no tiene que ver con religión, sino con el impacto que podemos tener al servir.

    En esa entrevista le preguntaron por qué estaba en una ciudad pequeña del norte de México, cuando el camino a la “grandeza” parecía estar en Roma o cerca de ahí. Su respuesta fue sencilla y poderosa y más o menos así:

    | “No importa dónde Dios me ponga, haré grandes cosas, porque para eso me puso aquí”.

    La grandeza viene del corazón

    El mensaje es claro: no importa dónde estés ni si el reto parece pequeño. Cuando sabes quién eres, puedes hacer cosas grandiosas en cualquier lugar, si lo que haces lo pones al servicio de los demás.

    Es como una frase que es casi ley de vida para mí: si no puedes hacer cosas grandes, haz cosas pequeñas con grandeza.

    Al final, la vida es aquello que hacemos y nos hace sentir útiles, vivos y realizados. No depende de la fama, el dinero o el lugar, sino de lo que nos hace sentir que cumplimos nuestro propósito.

    En una plática con una persona dedicada al espectáculo. Le pregunté: “¿Qué te haría feliz?”. Pensé que diría estar en una agrupación más famosa o ser un solista exitoso. Pero su respuesta me sorprendió: “Ser corista de Juan Luis Guerra o responsable de un estudio de grabación”. Ninguna de esas opciones tiene que ver con ser famoso, aunque ya ha cantado ante miles de personas. Su deseo es simplemente estar donde se sienta feliz. Eso es de aplaudirse y es admirable, porque la fama no lo define; lo mueve el deseo de plenitud.

    Esto me reafirma que la grandeza no depende de lo que el mundo ve, sino de lo que nos hace sentir plenos, de lo que hacemos sentir y como ayudamos.

    ✨ La verdadera grandeza no se mide en centímetros, dinero o en fama. Se mide en lo que entregamos, en cómo tocamos la vida de otros y en lo que dejamos en su corazón. Al final, no somos recordados por lo que tuvimos, sino por lo que dimos y como hicimos sentir.

    Sin duda la grandeza está en el corazón ❤️


    Gracias como siempre por ese corazón tan grande que tienen, al dedicarme parte de su tiempo para leerme, espero que lo que escribo, les permita darse cuenta de que cada cosa buena que ustedes hacen, los hace mas grandiosos.

    Gracias por suscribirse, por compartir y por seguirme. Ustedes me hacen sentir muy feliz.

    Un abrazo grande, así como ustedes

    Con cariño…

    María ✨💕📚🍀🧚🏽‍♀️

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  • Era un frío día de febrero, hace ya varios años. El reloj marcaba las 2:00 a.m. y aún recuerdo con claridad los sonidos que me rodeaban en ese hospital: las luces encendidas, los cables conectados al hombre que había sido mi superhéroe y el más grande amor que una niña podía tener. En ese instante, ya no era una niña, sino una mujer de veintitantos años, frente al irremediable final de su padre.

    Un sonido intermitente hablaba más claro que cualquier doctor: el adiós estaba muy cerca. De pronto, las alarmas se dispararon y entraron varias personas con batas y un aparato que le dio unos instantes más de vida. El tiempo suficiente para que, con un leve movimiento de su dedo, me diera esas últimas indicaciones: despedirse de mi madre y de mis hermanos.

    A las 2:20 a.m. las alarmas sonaron de nuevo. El doctor ya había sido claro conmigo:
    —María, nosotros siempre buscaremos preservar la vida, pero hay ocasiones en que ya no se puede. La próxima vez tu padre no resistirá.

    Y así fue. A las 2:30 a.m., como en una escena de película muy triste, ni los aparatos ni los doctores pudieron detener el conteo regresivo que llegaba a cero. Un conteo que me decía que la vida jamás volvería a ser la misma.

    Esa historia se ha repetido otras veces en mi vida: con mi tía, la que me demostró cuánto me amaba, y con uno de mis mejores amigos, que murió con apenas 29 años. Hay un común denominador en ellos, aparte del inmenso dolor. Ninguno de los tres me dijo cómo vivir sin ellos.

    Tal vez estas historias se parezcan a las tuyas, o quizá las tuyas sean mucho más duras. Pero no es la historia en sí el meollo del asunto, sino cómo seguimos después de que algo termina o de que alguien se va, porque tuvo que irse o porque simplemente decidió marcharse de nuestras vidas.

    Seguir tras una pérdida —ya sea por muerte o por ausencia— es dolorosísimo. Es como una herida abierta que la vida se encarga de presionar a diario para recordarnos que está ahí. Quizá no se sane del todo pero con todo y el dolor, siempre hay mucho que agradecer. Y no, no se trata de agradecer a la muerte ni al dolor por haberse llevado lo que amamos. Se trata de agradecer porque fueron parte de nuestra historia, porque esas personas y experiencias nos transformaron.

    Quizá me digan:
    —¿Y qué con el dolor, el llanto y la soledad? ¿Qué hago con todo lo que siento?

    Me encantaría decirles que se van a ir, pero desafortunadamente ese dolor no desaparece del todo. Aun así, uno avanza, si quiere, si puede y vuelve a sonreír… ¿Cómo? … un paso a la vez.

    Cuando la razón no es suficiente, el amor y la gratitud te darán las respuestas.

    Hagamos un ejercicio: cien abdominales hasta que se olvide el dolor del alma y solo duela la panza. Eso sería mejor, al menos quedaría marcado. Es broma, aunque unas veinte sí les encargaría para empezar.

    Ahora, en serio: ¿qué pensarían si les digo que tengo un método para borrar su dolor? La única condición sería que también olvidaran todos los buenos recuerdos con esas personas. Estoy casi segura de que me dirían que no.

    Y es ahí donde todo cobra sentido.

    Yo volvería a pasar por el dolor de esas pérdidas cuantas veces fuera necesario, solo por la certeza de que siempre formaron parte de mi vida.

    Sé que es difícil de comprender, pero todo en la vida es temporal: las personas, las etapas, nosotros mismos. Siempre habrá despedidas, finales y adioses.

    Definitivamente deberían incluir en la escuela una materia llamada: “Cómo cerrar ciclos sin morir en el intento”. Y ya de paso, otra de “Cómo bailar cumbia”, que también es esencial para la vida.

    Cuando entendemos que las personas llegan por un tiempo determinado y con un propósito, todo se vuelve un poco más fácil.

    En la vida hay personas como las estaciones: llegan unos meses, nos muestran lo mejor de sí y nos dejan recuerdos para cuando los días se tornen difíciles. Otras son como los años: nos acompañan en distintos momentos, nos fortalecen y nos dan la mano para seguir adelante. También están quienes son como nuestras propias etapas vitales —infancia, juventud, adultez—: permanecen más tiempo para comprobar que hemos aplicado lo aprendido y sostenernos en nuestro crecimiento. Y, por supuesto, están quienes nos muestran los días grises, para recordarnos lo fuertes que podemos llegar a ser.

    Así que sí: nadie se va como llegó. Todos nos dejan algo, aunque se hayan marchado, aunque haya dolido.

    Dependerá de nosotros qué hacemos después de vivir esas experiencias del adiós. Si nos aferramos al dolor y al sufrimiento, eso es lo único que obtendremos: más dolor. Pero si nos permitimos agradecer lo vivido, aprender y transformarnos, entonces lo que queda es crecimiento.

    Avanzar es entender que todas las situaciones y personas que llegan a nuestra vida lo hacen con un propósito. Y cuando este se cumple, es momento de irse. Tratar de alargar algo que ya dio lo que debía dar es dañar su esencia y, en vez de ayudarnos, terminará afectándonos. Sé que no es fácil soltar lo que nos hizo felices o nos dio seguridad, pero si ya es momento de hacerlo, hagámoslo… porque sin duda vendrá algo mejor para nuestro bien.

    Sé que dejar ir duele, y mucho. Y aquí sí quiero pedirte un favor: cuando estés atravesando el dolor, ten cuidado, porque existe una línea muy delgada que puede llevarnos al “lado oscuro de la fuerza”. Y si la cruzamos, ya no volvemos a ser los mismos. Podemos convertirnos en esas personas que quizá hemos visto, esas que parecen vivir eternamente enojadas o tristes, como si se hubieran quedado a vivir en un lugar oscuro del que nunca lograron salir. No te permitas eso. Avanza… un día a la vez.

    El dolor quizá no desaparezca del todo, pero los recuerdos permanecerán por siempre. Porque lo eterno no es la presencia, sino la huella de quienes alguna vez nos transformaron.

    Tal vez se pregunten: ¿siempre hay que dejar ir? No. Hay momentos, cosas o personas por las que sí hay que luchar. No tengo la respuesta exacta de cuándo sí o cuándo no. Es más, a mí me encantaría tener un don que escuché alguna vez: la capacidad de “marcharme a tiempo”. Saber cuándo irme de una relación o etapa que ya no da más, o cuándo quedarme porque aún merece ser luchada. Saber cuándo ya di y me dio lo que tenía que dar, y retirarme.

    Sé que eso sería casi imposible, aunque nos ahorraría muchos problemas y dolor. Pero en el fondo sé que tu sexto sentido, tu corazón, tu alma, el universo o alguien te dirá por quién o por qué hay que seguir luchando, y cuándo es momento de dejar ir.

    Lo que sí podemos hacer es agradecer: por los que aún siguen aquí y por los que ya partieron, por la bendición de que sucedió, la fortuna de conocer a gente increíble, de vivir momentos inolvidables y, sobre todo, por permitirnos ser mejores de lo que éramos cuando llegamos.

    Como diría mi abuela: somos el resultado de la gente que ha pasado por nuestra vida, de quienes nos amaron… y también de quienes no. Somos, sobre todo, lo que decidimos hacer con ello.

    Al final, nadie se va como llegó… y tampoco nosotros somos los mismos después de haberlos amado.


    Como siempre, mil gracias a ti por leerme, y a todos por sus comentarios, sus porras, por suscribirse, por compartir. Gracias por hacer esto posible y hacerlo realidad. Gracias por recomendar este blog; quizá algún día llegue a alguien que se vaya mejor que como llegó.

    Gracias por hacer que suceda.

    Nos vemos en la próxima. Espero tus comentarios y sugerencias.
    Muchas bendiciones y nunca olvides que eres magia ✨
    Un abrazo grande con mucho cariño,


    María ✨🍀🧚🏽‍♀️📚💕

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  • Hoy quiero hacer un ejercicio contigo que encontré en internet. ¿Lo hacemos?

    Si te dijera que te doy un millón de pesos, ¿qué harías? Supongo que te pondrías feliz, quizá ya sepas en qué gastarlos, tal vez te darían tranquilidad o incluso empezarías a planear tu viaje por el mundo.

    Ahora imaginemos que no te doy un millón, sino diez millones de pesos, pero con una sola condición: solo tendrías un día de vida después de recibirlos. ¿Qué me dirías? ¿Los aceptarías?

    Imagino que, además de pensar que estoy loca, me dirías que no. Que la vida vale mucho más que esos diez millones y no los aceptarías. Apostaría que el 99%, bueno, menos para no exagerar, el 95% de las personas respondería lo mismo.

    Con esto confirmamos que es más importante la vida que ser millonarios. Entonces, si no cambiarías tu vida por diez millones, ¿por qué no vives a diario como si ya fueras millonari@?

    Así de complejos somos los humanos: vivimos estresados por cosas que, al final de la vida o cuando falta la salud, resultan insignificantes.

    A mi parecer, nos hemos envuelto en una rutina en la que el estar bien o ser felices parece estar ligado al dinero, al estatus o al poder. Pero hemos confundido seriamente lo que significa ser exitosos.

    Ser exitosos es ser felices.

    Alguna vez escuché que el éxito no se mide por lo que tenemos, sino por lo que nos hace sentir plenos.

    Ejemplos hay muchos. En una de las ciudades donde viví, conocí a una familia restaurantera de prestigio, dinero y poder. ¿Y saben qué? Dos de sus miembros se quitaron la vida. ¿Qué les faltaba? Tenían todo… y aun así no quisieron seguir.

    Ni el dinero, ni la fama, ni el poder garantizan la felicidad. Claro, todos preferimos llorar nuestras penas en las islas griegas que en un parque de la esquina, pero una frase que recibí en mi vida me marcó profundamente. Me la dijeron, en referencia a tantos cambios de ciudad y de trabajo — que según yo, los hacía buscando una “mejor vida”, obviamente ligada a lo económico— :

    «María, de lo que huyes, donde vayas… te va a perseguir».

    Y tenían razón. Ese vacío, esa tristeza o esos fantasmas del pasado siempre me encontraban. Ni el dinero, ni los buenos puestos, ni las grandes empresas borraban ese puntito negro.

    Permítanme hacer un paréntesis aquí por favor: no digo que mi vida no haya sido o sea hermosa. Al contrario, ha sido maravillosa, he conocido lugares espectaculares y personas admirables. Mi recorrido me ha hecho muy feliz. ¿Qué haría diferente? No cambiaría mi vida, me cambiaría a mí: me preocuparía menos y valoraría más lo que realmente importa, como las personas, el tiempo y el amor.

    Un día le pregunté a mi madre qué hubiera hecho distinto en su vida y en su matrimonio con mi papá. Me respondió:

    «Todo lo disfrutaría más, viviría intensamente, sin tantos tabúes ni limitaciones. A él lo amaría no más, porque eso sería casi imposible; lo amaría, y me amaría a mí misma de mejor manera».

    Después le pregunté: “¿En esta etapa de tu vida sientes que tienes lo necesario?” y ella respondió:

    «Claro, tengo de más. Por ejemplo, tengo varios pares de zapatos… y solo dos pies».

    – Créanme cuando les digo que mi madre es una sabia -.

    No importa la edad que tengas, en qué etapa estés: hazte esta pregunta:


    «¿Lo que hago hoy, realmente importará y me hará feliz en unos años?»

    Y no me malinterpreten: tener un buen ingreso, poder pagar un viaje, lograr estabilidad o solvencia económica no está mal, al contrario. Todo lo que hagas para estar bien es correcto (bueno, mientras esté dentro de la ley y esas cosas).

    No es malo querer una casa bonita o esas vacaciones soñadas o la posibilidad de comprar lo que nos gusta. Lo que quiero transmitir es que no confundamos el dinero como la única fuente de felicidad. La vida no funciona así.

    Alguna vez te has preguntado: ¿qué realmente te hace feliz? Si te pidiera que cerraras los ojos y recordaras uno de tus momentos más felices, ¿qué me dirías? ¿A dónde va tu mente? ¿Qué soñabas ser de niñ@?

    ¿Cuánto te ha costado dejar de ser tú?

    No te digo que dejes todo para ir a buscar lo que te hace feliz, no por lo menos en este momento, pero sí que empieces por recordar qué te hace feliz. Invita a tu niñ@ interior a salir, que vea con sus ojos esta realidad y te muestre lo maravillosa que es, por una simple razón: ¡estamos vivos!

    La solución no siempre está en cambiar de vida y perseguir solo lo que creemos que nos dará felicidad, sino en aprender a ver la vida con otros ojos: los que reconocen la belleza de lo cotidiano y de lo que realmente importa.

    Iniciemos, por ejemplo, demostrando lo que sentimos. Dejemos de lado el “qué dirán”. Si ves algo lindo, dilo. Demuestra amor, alegría, bondad.

    Porque si no lo hacemos, llegará un día en que todo eso pasará frente a nosotros… y no sabremos reconocerlo.


    No dejemos que la vida se nos escape. Hagamos que cada día valga la pena, porque ser felices es, al final, el mayor éxito.


    Gracias como siempre por hacerme tan feliz al leerme, con sus comentarios y compartirlo para llegar a más gente. Gracias infinitas y que está felicidad que provocan, se les multiplique por mucho.

    Por fis, suscribanse y sigan compartiendo.

    Que sigan teniendo una vida maravillosa. Les mando un abrazo grande y toda la buena vibra del mundo.

    Con cariño…

    María ✨🍀🧚🏽‍♀️📚💕

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  • «Un nuevo comienzo es la prueba de que la vida siempre ofrece otra oportunidad.»

    Hace un tiempo alguien me dijo: “¿Qué tiene de emocionante un nuevo comienzo?, si uno sigue siendo el mismo. Nada cambiará”.

    Y tenía razón: si no hay un cambio real, los nuevos inicios no sirven de mucho. Pero yo sí creo en la magia de las nuevas oportunidades. Creo en los lunes para empezar la dieta, en el primer día del mes para ahorrar, en el magnetismo del 1° de enero para soñar con una mejor versión de uno mismo.

    Es como si nos regaláramos la oportunidad de mirarnos distinto y confiar en que las cosas pueden ser mejores.

    La vida me ha puesto varias veces en la posición de empezar de nuevo, y entendí que eso de “iniciar de cero” no es del todo cierto. Nadie comienza realmente desde cero: siempre partimos desde la experiencia, desde la sabiduría acumulada, desde los errores cometidos. Esas cicatrices son nuestra ventaja.

    Sé que dan miedo los nuevos comienzos, son una moneda al aire y eso puede ser bastante estresante. Pero como dicen por ahí, no temas a empezar de nuevo, te puede gustar mucho más tu nueva historia.

    Creo que no tememos tanto a los nuevos comienzos, sino a dejar atrás lo que éramos antes. Debo confesar que en mi caso, me costaba despedirme de la “versión anterior de María”, porque era una parte de mí que me gustaba. Aunque había un detalle, todo parecía que estaba bien y en realidad, siempre había un vacío, una búsqueda de algo más.

    Así que cada nuevo inicio se convertía en una promesa de sentirme plena, que nunca llegaba, porque siempre había un «pero» (palabra que detesto, por cierto): que si estaba lejos, que si no estaba lista, que si no era lo que esperaba… y esa lista interminable me hacía sentir incompleta. Y eso era para todo, desde una nueva ciudad, un nuevo trabajo o hasta el amor. Siempre parecía que había un prado más verde.

    En esta ocasión me di cuenta, que los nuevos comienzos sólo funcionan cuando estamos dispuestos a cambiar de verdad y saber hacia donde queremos ir. Si no, tarde o temprano nos veremos iniciando otra vez. Cuando uno sabe qué quiere y hacia dónde va, empezar resulta mucho más fácil.

    El secreto es sencillo, aunque no fácil: saber lo que queremos, para que somos buenos y tener la valentía de ir por ello.

    Dijera mi abuelo: cuando sepas a dónde ir, el camión pasará enfrente.

    Historias que inspiran 🌱

    He tenido la fortuna de ver esa magia en personas cercanas, que me recuerdan que los nuevos comienzos pueden transformar la vida:

    Cómo una de las mujeres que más admiro y es mi prima: que, tras un divorcio y con dos hijos, dejó su carrera en ingeniería civil para emprender con dulces artesanales (deliciosos por cierto). Hoy, además de sacar adelante a su familia, encontró en la cocina su verdadera pasión. Ha sido un camino de altas y bajas, pero saber para que era buena, confiando en que se levantaría aunque los días pesaran y creyendo en ella, con el motor que son sus hijos, la magia se dió.

    Mi hermana: que cruzó continentes para empezar desde cero en un país con un idioma que no dominaba, con personas que no conocía, con pocas certezas, pero con valentía. Hoy es ciudadana del mundo y ha construido una vida plena en un país muy, muy lejano. El amor con todas sus complejidades, le ha permitido construir una gran historia y le dio la oportunidad de saber que es capaz de empezar donde sea y crear su propia historia mágica.

    Como una gran amiga y la mejor en el área laboral que conozco: quien un día se dió cuenta que su trabajo de más de 20 años, había cambiado tanto, que ya no la hacías feliz. Agarró una caja de archivo, metió sus recuerdos, algunas cosas y con todo el coraje y valor que la caracteriza dijo ésto terminó. Y se fue, cerrando la puerta a una de las empresas más grande de latinoamérica o quizá del mundo. E inicio un cafecito, que hoy puedes visitar y te darás cuenta de toda la buena vibra que hay en el, así igualito como su dueña. Se llama Alma Mía Café, un café con mucho alma, corazón y magia.

    O como mi comadre, amiga y gran compañera de vida: que cambió un empleo glamuroso por un negocio propio en ventas, con el objetivo de criar a sus tres hijas. Su camino ha sido complicado, ha tenido que tocar puertas, crear opciones donde nadie creería que las había y encontrar la salida en laberintos que parecían interminables. Pero tenía algo a su favor, siempre ha sabido para que es buena. Su valentía es evidente, basta escuchar el orgullo con el que su hija habla de ella para entender que valió la pena.

    Ninguna de estas historias fue fácil. Todas implicaron dolor, miedo y mucho esfuerzo. Pero todas tienen en común la pasión, la valentía y la decisión de decir “sí” incluso con miedo.

    Además de que todas ellas entendieron, que el éxito está, en hacer lo que les gusta y luchar por lo que aman 💕.

    El verdadero consejo 💡

    Reiniciar no significa hacer lo que sea porque la vida se derrumbó. Se trata de elegir desde lo que amamos, desde lo que somos buenos, desde lo que nos da sentido. Desde lo que nos hace vibrar, aunque duela, aunque haya miedo, aunque sea difícil.

    No se trata de “llenar el vacío con cualquier cosa”, como comprar un mueble que no nos gusta solo por salir del paso, le aseguro que no lo va a cambiar y cada que lo vea, le hará recordar su mala decisión. Si elegimos algo que no nos hace felices, nos puede llevar por un camino que nos hará infelices.

    Quizá me diga: «hay ocasiones que las cosas se ponen difíciles y uno tiene que hacer cualquier cosa para estar bien» y lo entiendo. Lo «seguro» o «agarra lo que sea» también es difícil y no siempre es lo mejor. Le puedo asegurar que hacer lo que nos gusta tampoco es fácil, así que escoja el difícil que mejor le acomode.

    La magia aparece cuando iniciamos de nuevo en lo que nos apasiona, cuando hacemos hasta lo imposible por que se de.

    Como me dijo hace poco Don Señor, cuando le pregunté por qué esta vez nos iría bien:
    “Porque en esta ocasión voy a hacer hasta lo imposible para que funcione”. (¿Le confieso algo?, si creo que así será)

    Ahí está la clave de los nuevos comienzos: no en el simple hecho de empezar, sino en la decisión de darlo todo para que, esta vez, sí sea diferente, para que el resultado sea genial y nos haga sentir plenos.

    Haciendo realidad la magia de los nuevos comienzos✨.


    Gracias por leerme, por compartir y por seguirme en este proyecto, que me ha permitido confirmar el título de esta publicación… la magia de los nuevos comienzos.

    Nos vemos en la próxima.

    Un abrazo con mucho cariño…

    María 💕🌟📚✨🍀

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  • En la oscuridad es donde se ven las estrellas ✨

    ¿Recuerdan qué hace poco perdí (me robaron) mi celular? Ese día, mi sobrina y un amigo me preguntaron:
    —¿Tú no te enojas? Yo estaría furioso con lo que pasó.
    Y hace unos días, platicando con alguien sobre un caso en el que sí me enojé, me sorprendió escuchar:
    —Ay no, María, si tú no te enojas.

    Después de oír varias veces lo mismo, me quedé pensando. Primero, que debería pasarles el contacto de mi mamá para que les cuenten qué tan enojona puedo ser. 😅
    Y segundo… no, no soy para nada alguien que no se altera. Aunque sí soy positiva y siempre creo que todo estará mejor, también me permito sentir. La tristeza me visita con frecuencia, pero confío en que siempre habrá una bendición hermosa por llegar.

    Definitivamente, se puede ser un ser de luz y, aun así, tener noches de total oscuridad. No confundamos “estar bien” con “no sentir nada”. Ser espiritual o estar en paz no significa no enojarse o no sufrir, sino tener la capacidad de vivirlo, sentirlo y dejar ir lo que nos hace daño. Cuando nos permitimos sentir —incluso lo incómodo, como la ira, el resentimiento o el dolor—, lo liberamos más rápido.

    Nuestra actitud frente a la vida nos ayuda a lograr grandes cosas, pero eso también implica enfrentar lo desagradable. Ser “espirituales” no significa dejar de ser humanos.

    Creer que todo debe estar siempre bien y el positivismo exagerado, nos puede hacer mucho daño. Y aquí te comparto algunos puntos para reflexionar:

    Lo primero que debemos entender es que a las personas buenas también les pasan cosas malas. No es castigo divino, mala vibra o mal karma. Es un proceso que debía suceder para un aprendizaje mayor. No es justicia divina, es un plan divino de transformación. Y cuando lo vemos así, todo mejora. «Sí, duele y hay que sentirlo, pero pasará. Esto también pasará».

    Siempre ve lo positivo, si, pero esto no borra el dolor.
    Cuando mi madre tuvo cáncer y la cuenta del hospital nos sobrepasó, todo parecía terrible. Y lo fue. No diré que agradezco el cáncer, pero alrededor de esa situación hubo muestras de cariño y solidaridad que jamás olvidaré. El amor que recibimos fue real, pero también lo fue el dolor. Agradezco tanta muestra de cariño, pero confío en que el dolor no se vuelva a repetir.

    Piensa siempre positivo, esto puede ser muy desgastante.
    Ignorar lo que sientes no hará que desaparezca. Claro que hay que ver la luz al final del túnel (como dice mi madre: “Nunca es más oscuro que cuando va a amanecer”), pero primero hay que atravesar la oscuridad para llegar a esa luz. La forma en que vemos la vida sí marca la diferencia, pero aprenderlo lleva tiempo. Así que si caes y sientes que todo está mal, date permiso de vivirlo y sigue adelante. Esas caídas también forman parte del proceso.

    Hay personas sufriendo más que tú. Sí, pero eso no invalida tu dolor (ni el de otros). Habrá historias más duras, pero eso no significa que lo que tú sientes no importe. Tu dolor es válido. Siéntelo, pero no te quedes ahí. «Un día a la vez».

    Lo que te choca te checa. No siempre es así. Claro, somos espejos y a veces lo que nos molesta refleja algo que debemos trabajar. Pero hay cosas que duelen porque son injustas, porque nos recuerdan heridas o porque simplemente son maldad. Notarlo no significa que lo llevemos dentro, sino que es algo a sanar o comprender.

    Cuando estás alineada (o) nada te molesta. Qué mentira tan cruel. La consciencia no elimina lo humano, lo integra.

    El maestro llega cuando el alumno está listo. Quizá no, a veces el maestro llega a incomodarte, retarte y moverlo todo, justo para ayudarte a trascender.


    Ser positivos no es fingir que todo está bien, sino ser conscientes de que estamos en constante evolución. Como dijo José Ortega y Gasset: «Somos gerundio, no participio». No somos un producto terminado, sino seres en transformación constante.

    Y por favor, no olvidemos que cuando alguien esté pasando un momento difícil, no ocupa positivismo, ocupa apoyo. No se nos olvide, cuando alguien se está ahogando no es momento de enseñarle a nadar.  En ese momento no pidas que tome consciencia, si lo único que requiere es oxígeno.

    A veces el alma no está pidiendo una lección. Sólo está pidiendo una mano…

    Y deja te comparto algo positivo para finalizar:
    Claro que puedes con todo… pero no con todo a la vez.


    Muchas bendiciones 🙏🏽 recuerda: el mundo siempre necesitará de tu magia.

    Nos vemos en la próxima. Gracias, como siempre, por leerme y acompañarme en esta aventura. Sígueme y ayudame a compartir, por favor, y platícame lo que te pareció, te leo en los comentarios.

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    Un abrazo grande con mucho cariño 💕, bendiciones ✨
    María 💫🧚🏽‍♀️📚🍀❤️

  • Cuando todo lo demás falle… escribe con el corazón

    Me han preguntado por qué escribo. Para mí, hacerlo es una terapia. No es porque no sepa expresarme —créame, eso de hablar se me da bastante bien—, sino porque escribir es como pintar la realidad con otros colores. Es como inventar una historia que, a veces, puede ser incluso mejor que la vida misma.

    Si quiere buscar culpables, culpe a mis hermanas mayores. Ellas creen firmemente que escribo bien y ahí ando haciendo como que sí, porque lo dicen con tanto cariño, que hasta yo les creo.

    Además siempre he pensado que tengo algo que contar. Y créame, si le contara todo lo que he visto y vivido, no terminaríamos hoy. Aunque el drama ya no esté de moda, tengo historias de chile, de mole y de manteca, de esas que pintan la vida tal como es.

    Le cuento que hace muchos años, en un periódico de donde vivía, hacían un concurso de escritos a la madre y los ganadores se llevaban un viaje todo pagado, yo obtuve 2 viajes gracias a ellos. Ya ve que si deja escribir.

    Además hoy me está leyendo, que bendición la mía, que pueda llegar a personas tan increíbles como usted. (Gracias por no dejarme sola)

    Para mí, escribir es como para usted su deporte favorito o ese pasatiempo que disfruta sin sentirlo como obligación. Es mi manera de ser yo, entre líneas.

    Estoy convencida de que todos tenemos un escritor dentro. Uno que puede ayudarnos a crear historias que inspiren, que acompañen en momentos difíciles o, simplemente, que diviertan un rato.

    Ese es el fin de mis escritos: ayudar, aunque sea recordándole a alguien que siempre puede haber quien esté peor (jajaja). Es que uno da consejos y los escribe, no porque sepa de todo, es porque uno ya se amensó. Sí se puede escarmentar en cabeza ajena, de verdad si se puede.

    Escribir no es solo novelas o grandes textos literarios. También es una forma de recordar lo que nunca deberíamos olvidar. Por eso hoy quiero invitarle a un sencillo ejercicio, que sé puede ser una gran terapia:

    Diario de agradecimientos ✨

    No se trata de abrir un blog —aunque, si un día quiere hacerlo, avíseme y yo le ayudo—. Esto es algo más personal: escribir para no olvidar.

    Hágase un favor y consiga una libreta o cuaderno 📓. No importa si es nuevo, usado, bonito o sencillo. Lo importante es que siempre lo tenga a la mano, en su buró o junto a su cama. Decorelo o personalícelo, eso le ayudará a que lo sienta más cercano.

    Cada noche o cada mañana escriba algo por lo que se sienta agradecida o agradecido o algo que le haya hecho feliz. Quizá piense: “¿todos los días?, nadie es tan feliz como para agradecer diario”. Pero le aseguro que sí se puede. Empiece por lo básico: agradecer la vida, el simple hecho de respirar, la familia, el amor, el trabajo… Lo que sea, aunque parezca pequeño o insignificante, escríbalo.

    Eso sí: hágalo siempre a mano. La conexión entre cabeza, corazón y mano es poderosa y muy reveladora.

    Con el tiempo, este ejercicio le permitirá ver las cosas de una manera distinta. Le ayudará a descubrir lo bendecido o bendecida que es. Esta comprobado, que la gratitud reordena el cerebro y le cambia el foco, dejaremos de ver sólo lo malo.

    Al final, escribir es eso: un recordatorio de que siempre hay algo bueno en medio de todo. Regálese ese espacio y, cuando lo necesite, vuelva a leer sus palabras. Verá que la felicidad ya estaba ahí, esperando en una hoja en blanco.

    Además, nunca sabe… quizá se de cuenta que escribir también es lo suyo o un día descubra que, sin proponérselo, ha escrito la mejor historia: la de su propia vida.

    Y si alguna vez quiere contar su historia, pero siente que no puede escribirla, cuéntemela. Prometo darle forma bonita y compartirla aquí, porque toda historia merece ser contada.


    Gracias por leerme y por ser parte de esta aventura. Si puede apoyarme, suscríbase al blog, sólo ocupa correo, no pondré mucho gorro, lo prometo. Siganme en redes sociales, para que estén enterados de todo, sólo denle click:

    Nos vemos en la próxima, ah y no lo olvide…Sea feliz, se lo merece. 🌷 Y agradezca a la vida por ello.

    Un abrazo con mucho cariño…

    María 🍀💕📚✨

  • El amor es eso, que nos da el sabor a eternidad.

    ¿Ustedes creen qué el amor existe? Espero que sí lo crean. Yo si y además, creo que el amor hace que este mundo sea mejor.

    Por eso, hoy quiero contarles una historia que nació de esta pregunta. ¿Me acompañan…?

    Era un día cualquiera, en un lugar cualquiera, conversando con alguien muy especial.

    — María, ¿tú crees qué el amor existe?
    — Por supuesto. No creo que pudiera escribir si no lo creyera.
    — Ay, pero no empieces con tu amor a la vida, a la familia, a los amigos o esas cosas; ya te conozco. Me refiero al amor de pareja.
    — Claro que creo en el amor de pareja.
    — Es que, como nunca te he visto llorar o sufrir, pensé que no lo conocías.
    — (Me río, un poco más fuerte de lo esperado) Que tú no me hayas visto o que yo no camine por la vida con cara de sufrimiento, no significa que no crea en el amor. Además, ¿quién te dijo que amar es sinónimo de sufrir?
    — Es que mis amigas y yo hemos sufrido mucho por amor.
    — Lamento eso. Yo no creo que el amor sea sólo sufrimiento; al contrario, tiene momentos hermosos. Si todo es dolor, entonces no es amor.

    Ella tomó una taza, se dejó caer en el sillón y dijo:
    — Estoy lista.
    — ¿Para qué?
    — ¿Cómo que para qué? Para que me expliques, con detalle, qué es el amor para ti.
    — Ah, pues te lo resumo en tres cosas:
    1. El amor se demuestra, no sólo se dice. Un amor que vive únicamente de palabras, muere con los hechos.
    2. Lo que pidas en el amor, deberás ofrecerlo. Si quieres fidelidad, sé fiel.
    3. En el amor no somos medias naranjas. No somos la mitad de nada: somos personas completas que se hacen más felices juntas.

    — Qué bonito suena eso… pero cuéntame algo de ti. Dame un ejemplo que me haga creer que el amor existe.
    — Más que ejemplos míos, puedo darte momentos que me han demostrado que el amor es real. Todos son verdaderos, te lo prometo, pero no te diré  si alguno, varios o ninguno es mío; tú adivinarás… y tal vez luego te cuente la historia completa. ¿Te parece?

    — Me parece, estoy lista y emocionada por escucharte.

    — va…

    Como te decía, el amor son detalles y momentos que nos roban el aliento, que guardamos para siempre como instantes de eternidad.

    Como el chico que se enamoró de la nueva alumna el primer día que la vio en la preparatoria y supo que sería el amor de su vida. La trató como una princesa y le dio un noviazgo hermoso con todo lo que un amor de diecisiete años debe tener. Él le enseñó ese amor tierno y lindo que todos deberíamos vivir. Treinta años después, aunque no se quedaron juntos, él sigue regalándole alcatraces – que son sus flores favoritas – en cada cumpleaños, para que nunca olvide lo importante que siempre será para él… y que alguien la amará por toda la eternidad.

    O el estudiante de nuevo ingreso en la universidad, que se enamoró de una chica de otro salón y acordó con su mejor amigo que cada vez que ella pasara, él tararearía una canción para avisarle que estaba cerca y así poder verla. Ese mismo chico, la llenaba de detalles románticos, él le enseñó el amor a la antigua: con flores, serenatas, le escribía canciones y demostraba su amor en cualquier momento. Un día detuvo un evento y, en pleno escenario, le pidió que fuera su esposa, frente a todos. Su voz, desde ese momento y durante años, fue solo para ella, aunque cantara para miles. Él le enseñó lo que es ese amor romántico y de cuentos de hadas.

    O el hombre que conoció a una joven que acababa de perder a su padre, y se quedó con ella hasta que sanó sus heridas. Ese hombre galante y con una templanza tan grande como su altura, la enfrentó a sus miedos. No para asustarla, si no, para sanarlos; como cuando la acompañó a lanzarse de un bungee, la respaldo y la cuidó, aunque a ella le aterraban las alturas. En una ocasión le mostró lo linda que era y le enseñó lo que él y todos veían en ella, la puso frente a un espejo para mostrarle lo hermosa que era… no para desnudar su cuerpo, sino para sanar su alma y su seguridad. Él le enseñó lo que es el amor protector y de cuidado, ese que te hace resurgir de las cenizas.

    O el joven que sufrió un accidente al caer de un segundo piso y perdió parte de la memoria. Pidió ver a su exnovia —aunque hacía tiempo que no estaban juntos— para decirle que sólo a ella recordaba y que aún la amaba. No recordaba a su pareja actual ni a muchos amigos, pero a ella, sí. Tiempo después le confesó: “Sé que ya no estamos juntos, pero ni el peor golpe me hará olvidarme de ti”. Enseñándole que el amor no se recuerda, se siente y se lleva en cada pedacito de uno.

    O aquel hombre que, desde un escenario, vio a una mujer entre la multitud y, con una sola mirada, le regaló una de las mejores cosas que una persona puede regalar, el haberla visto. Él le enseñó lo que es el amor de las canciones románticas que él cantaba. Al verla, supo que por fin había encontrado, a quien sus canciones le habían contado. Él siempre está rodeado de muchas mujeres, pero en ese instante sólo podía verla a ella, como si sólo existieran ellos dos, fue un instante mágico, igual que una hermosa canción, un breve momento, pero que lo recordarían por siempre.

    O el que conoció a una mujer y, sin que fueran nada, un día comprobó que ellos habían compartido una historia en otra vida. No preguntes bien como lo supo, pero él lo sabía y lo sentía. Y aunque ellos ya tenían sus historias en otra parte, él le contó y le prometió que se quedaría a su lado, para cuidarla de lejos y así lo ha cumplido. Y aunque supiera que en esta vida no les tocaba estar juntos, en otra vida su amor había sido tan fuerte, que alcanzaba para toda la eternidad. Mostrándole un amor en donde no tenían que estar juntos, para confirmar que puede ser eterno.

    O quizá se trate de esa pareja que hace 19 años se conocieron: él con un uniforme que lo hacía ver protector y ella, una veinteañera que aún miraba la vida color de rosa. Aunque quisieron, el destino no les permitió estar juntos. Hoy los vuelve a unir, ya no tan jóvenes, ya no tan idealistas y si más realistas, en medio del caos y las heridas que deja la vida adulta. Han aprendido a construir un amor maduro: menos soñador, pero más solidario; ese que sostiene cuando el mundo se derrumba y el dolor pesa. Aún cuando no es romántico; él, le dio la mayor prueba de amor con una simple frase: «me quiero quedar», incluso con todo en contra, aún de ellos mismos. Él le mostró ese amor adulto, que ella aún no entiende bien, pero que quizá, solo quizá, si saben cuidarlo, pueda quedarse para siempre.

    Y así podría seguir contándote mil ejemplos más. Algunos, quizá no parezcan sacados de un libro de cuentos o una romántica novela, pero que te comprueban que el amor existe; como quien te ha sacado de un apuro o quién te abraza fuerte para pegar tus partes rotas o quién simplemente está ahí, para escucharte y para que sepas que no estás sola. Porque de eso se trata, que aún los detalles cotidianos te confirmen, que el amor existe y que este hace la vida más hermosa.

    — ¡Wow! … María, no sabría decir cuál es tu historia… pero si todas son reales, deberías escribirlas todas.
    — Tal vez algún día lo haga. Lo importante es que sepas que el amor no tiene por qué doler. Que, es para siempre, y aunque a veces cambie de cuerpo… no cambiará de esencia.

    El mundo, por difícil que parezca, sigue moviéndose por amor. Y el amor nos recuerda que estamos vivos. Porque, al final, como dice la frase: “La vida no se mide por las veces que respiramos, sino por los momentos que nos dejan sin aliento”.

    Y así terminó nuestra charla. No insistió más en saber cuál era mi historia. Pero tú, ¿cuál crees que pueda ser? Pueda ser una o varias o quizá ninguna… O mejor aún, quizá mi gran historia de amor aún está por escribirse.

    Te propongo algo ¿Qué tal si un día me cuentas tu historia y la escribimos? Porque todas las historias de amor merecen ser escritas y convertirse en una novela, que se quede para la eternidad.

    Así que espero tu historia. Y gracias siempre por leerme…  nos vemos en la próxima.


    Un abrazo con cariño…

    María ✨💕📚🍀

  • Aprovecha el ahora… Por si acaso el luego no llega.

    Hace unos días me robaron mi celular; prometo que esto no se trata de eso, ni haremos más drama del necesario. Lo interesante es lo sucedido después de ello.

    Yo acostumbraba a eliminar de mis contactos a quien creía que ya no debía estar en mi vida o a quien yo ya no aportaba nada en la suya. Pero, si podía, dejaba algún rastro: una conversación, una foto o algo “por si acaso” algún día se necesitaba.

    Con la pérdida del celular, se fueron varios “por si acaso”, que ya no pude recuperar, pero confieso que entendí, que ya no eran necesarios…

    Me di cuenta que iba por la vida dejando asuntos sin cerrar o con una rendijita abierta, “por si acaso”. Esperando que todo fuera igual que antes, como si pudiera reparar algo que ya no funcionaba o con la esperanza de que nada cambiara. Aferrada, como buena Tauro, a que todo siguiera igual.

    Y muchas veces no disfrutaba el ahora, por el constante esperar ese “por si acaso”. Como ese pantalón que guardamos por si acaso adelgazamos, sin darnos cuenta que quizá exista un vestido o una camisa que ahora nos hacen ver espectaculares, así como somos.

    O esa vajilla que guardan nuestras madres para ocasiones especiales, cuando la vida ya es en sí, una ocasión especial.

    Le tenemos tanto miedo a cerrar ciclos, y en realidad creo que a lo que uno le teme no es a empezar de nuevo, sino a poner punto final a lo de siempre.

    Quizá le tenemos miedo a sanar los viejos miedos y crear una nueva versión de nosotros mismos, sin saber que siempre es un buen momento para comenzar una nueva historia.

    No tengas miedo de terminar y empezar de nuevo; te prometo que tu nueva historia puede gustarte más que la anterior.

    No dejes sin hacer nada que te haga feliz: di lo que quieres, ve a ese lugar que deseas, manda ese mensaje y aventúrate a aquello que suena tan raro, que te pone la piel “chinita” de sólo pensarlo.

    Así que no temas a cerrar lo que ya no es. No vaya a ser que el destino llegue y te «robe» tus por si acaso y no sepas que hacer. No lo olvides: la vida es ahora… y el para siempre es hoy.

    Por si acaso… Te mando muchos abrazos, por si los llegas a requerir. Bendiciones.

    Con cariño… 

    María 📚 🍀 ✨💕