
Somos lo que hacemos, no solo lo que decimos.
Y además, también lo que hacemos sentir a los demás. Y a todo esto es a lo que llamamos marca personal.
Pero ¿por qué hoy estamos hablando de marca personal en El Mundo Según María? Porque, aunque parece un tema muy laboral, no lo es del todo, en realidad. Déjame contarte por qué.
Tengo años de conocer este tema, pero en los últimos dos meses lo he estudiado a fondo. He consultado y entrevistado a gente que habla de ello y confieso que no lo había tomado tan en serio como debía.
Porque muchos, así como yo, creemos que la marca personal y la marca profesional son lo mismo; pero no es así. Son dos cosas diferentes.
Para que nos entendamos mejor: la marca profesional es tu trabajo o negocio. Y tu marca personal es lo que la gente piensa de ti cuando tú no estás.
Todo lo que eres se refleja en ella.
Y no, no es precisamente un chisme, pero algo tiene que ver.
Te daré un ejemplo para explicarme mejor. Piensa en alguien cercano. ¿A quién llamas cuando quieres platicar? ¿Quién es esa persona ideal para planear un viaje, para salir de fiesta, para resolver un problema? O si definieras a la gente que amas y para qué son buenos, ¿qué dirías?
Esas respuestas son las marcas personales de ellos.
Desafortunadamente, también pueden ser negativas. Cosas como: «con ella vas a tener problemas», «él es flojo», «esa persona es conflictiva».
Esto también es marca personal: lo bueno o lo malo que dicen de ti.
Así que todo esto, hoy, ha cambiado algunas creencias en mí…
Yo solía decir —y no soy la única—: «Es que no me interesa lo que opinen los demás».
Pero, híjole, sí nos interesa. Y más adelante les platico por qué debería interesarnos y de quién debería interesarnos.
Por cierto, tengo una teoría sobre esto:
No nos importa tanto lo que piensan los demás de nosotros. Nos importa que no piensen lo que nosotros creemos que deberían de pensar.
Recuerdo que en mi casa había una frase que me dolía: «Todo lo que vengan a decir de ti lo voy a creer«.
Qué paquetote.
La verdad es que nunca la escuché por el lado positivo, como «si dicen que eres buena persona, lo voy a creer».
Yo entendía que cualquier cosa mala que dijeran de mí sería creída, y me importaba porque era mi familia.
Esa frase pesó muchos años. Es más, creo que sigue pesando.
Cuando algo así pesa, terminamos convirtiéndonos en alguien que quizá no somos, por miedo al qué dirán.
Vamos construyendo otra versión de nosotros. Y no solo por las heridas de infancia, que ya sabemos cuánto dictan, sino porque somos el cúmulo de todo: de nuestras heridas, de nuestros dolores, de nuestros corazones rotos.
Pero también de todo lo bueno que hemos hecho y que casi nunca reconocemos.
¿Qué opinión sí nos debe importar?
No la de todo el mundo. Aunque todos seamos muy buenos para opinar.
La que sí nos debería importar es la de la gente de cerquita. La que nos ama, la que está al pie del cañón, la que nos va a sacar del atorón cuando nuestra vida sea un reverendo caos.
Porque lo que hacemos no solo nos afecta a nosotros.
Ahí están los famosos daños colaterales.
Dicen que nada es personal. Pero sí lo es.
Conozco a alguien que hoy está acompañando a su pareja en un problema de salud muy fuerte. De esos que vienen de no haberse cuidado, de dejar un riesgo latente hasta que se rompió.
Esta persona está cuidando y acompañando porque es lo correcto, porque es coherente con quien es, porque lo ama.
Pero del otro lado hay alguien que no se cuidó, que pasó mucho tiempo sin valorar su propia vida. Y quien hoy está sufriendo no es solamente la persona enferma, sino también quien le acompaña.
Esto nos hace entender que somos el resultado de nuestras acciones conscientes y de nuestras decisiones inconscientes.
Y muchas veces no vemos cómo afectan a otros, ni el daño que podemos hacer.
Ahí se confirma que, en muchas ocasiones, no somos coherentes con quien decimos ser.
Entonces, ¿por dónde empezar?
La marca personal no es fabricar una marca. Es tener conciencia de quiénes somos.
Qué difícil, ¿no? Porque en realidad casi nadie se conoce. Y conocernos es tan difícil como resolver una ecuación de álgebra avanzada, pero sí se puede.
En estos días, con todo lo que he aprendido, me topé con unas preguntas que están hechas para conocernos mejor.
Que a mí me sorprendieron. No tanto las preguntas, sino las respuestas que yo misma di.
Así que hoy te las dejo. Son todas tuyas. Date la oportunidad de meditarlas, de responderlas y, quizá, de que te ayuden a conocerte mejor.
Algo que debemos entender es que conocernos no es un final: no tiene fin. Es un camino constante durante toda la vida, pero estas preguntas ayudan bastante a recorrerlo.
Porque para ser felices, primero necesitamos saber quiénes somos.
1. Si te quedara un día de vida, ¿a quién se lo contarías?
2. Si te regresaran todo lo que has perdido, ¿qué buscarías primero?
3. ¿Qué prefieres: borrar tu peor momento o vivir otra vez el mejor?
4. Si te regalaran un viaje, ¿irías a un lugar que no conoces o a abrazar a una persona que extrañas?
5. ¿Qué parte de ti has escondido tanto tiempo que ya casi la olvidas?
6. ¿Qué le pediste a la vida que nunca llegó?
7. ¿Qué verdad sobre ti te cuesta más aceptar?
8. Si supieras que vas a morir dentro de seis meses, ¿qué dejaría de tener importancia para ti hoy?
9. ¿Qué has dejado de hacer o de decir por miedo a lo que pensarían de ti?
10. ¿Qué o a quién no has soltado por miedo a quedarte en soledad?
Y la última, una de las más importantes:
¿Eres feliz?
Creo que no hay mucho más que agregar. Espero que las preguntas te ayuden.
Porque lo que verdaderamente nos debería importar es saber quiénes somos y nuestra propia opinión de nosotros mismos.
Por cierto, no crees una versión nueva de ti: sé la que realmente eres.
Porque un día nos daremos cuenta de que se nos pasó la vida, y ni nos conocimos ni fuimos felices.
Así que tal vez, si cambiamos la perspectiva de nosotros mismos, cambiemos nuestra historia. Y un poquito de nuestro mundo.
Un abrazo con mucho cariño.
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Ilse María 🤍✨📚🍀
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