
Dicen que siempre hay una frase escrita esperando para darle sentido al momento que estás viviendo. Y hoy me la topé:
Hay gente que confunde dar ánimos con invalidar sentimientos.
Y para explicarla mejor, recordé lo que dice una buena amiga: Estoy harta del positivismo tóxico.
De ese que nos tiene a todos locos buscando que siempre todo esté bien, que siempre hay que ver el lado bueno, que hay que agradecer, que todo tiene que estar bien.
Y la verdad, en una gran parte tienen razón.
Yo soy partidaria absoluta de que todo, al final, tiene algo bueno. Pero tengo que reconocer que he usado y abusado del positivismo, conmigo y con los demás. Quizá más de lo que me había dado cuenta. Prometo que lo estoy trabajando.
Déjenme darles algunos ejemplos.
¿Cuántas veces has escuchado a alguien decir que se siente mal y la mejor respuesta que tiene quien lo escucha es «tienes mucho que agradecer»? O «fíjate lo que viven los demás».
Una que se escucha mucho en mi casa es «más se perdió en la guerra». Sí, pero lo de la guerra no era mío.
Entiendo que no puedes ir por la vida quejándote y haciendo drama por todo, cosa que a mí se me da, la verdad, bastante bien. Ni viendo todo desde el lado oscuro. Pero tampoco puedes ir con lucecitas y colorcitos siempre.
Hay personas tan positivas que ni les crees. También tengo que reconocer que eso me pasa más seguido de lo que parece. Mucha gente cree que no tengo problemas o que mi vida es bastante sencilla. Sí, es bonita, pero también tiene sus ratos de tristeza y de drama, como todo mundo. Y miren que los ratos de drama se me dan muy bien.
Pero hay algo que duele cada que lo escucho. «Tú de qué te quejas». Uchalas agradezco que piensen que todo esté bien. Pero les aseguro que absolutamente todos, tenemos algo que nos duele.
Creo que nos estamos acostumbrando a menospreciar el dolor, creyendo que eso le va a ayudar a la otra persona a estar mejor.
¿Cuántas frases no hemos escuchado después de una pérdida dolorosa? «Ya no llores, lo vas a superar, va a dejar de doler».
El problema es que está doliendo ahorita.
¿O a cuántas personas les han dicho: «Es que el dinero no importa» o «agradece que estás con vida»?
¿Es en serio que no importa para quien no tiene comida en el refrigerador o carga deudas que lo están, literalmente humillando?
¿Y quién te dice que no agradece estar con vida? Claro que puede agradecerlo y, al mismo tiempo, estar sufriendo por lo que está sucediendo.
Sí, sé que todo es resultado de nuestras decisiones y hay que asumirlo. Pero eso no termina de quitar el dolor.
Y en vez de tener a alguien que te escuche y te dé cinco minutos de atención, lo único que recibimos es la receta de cómo deberíamos solucionarlo o de lo mucho que deberíamos agradecer.
Qué buenos somos para arreglar vidas ajenas, y la nuestra termina siendo un reverendo caos.
«Deberías agradecer que no estás peor».
¿Y quién te dice que no lo agradezco? Claro que lo agradezco. Lo único es que también me duele lo que está sucediendo.
No le digas a alguien que se está ahogando que debería aprender a nadar. Digo, tampoco nades por ella.
Esto último alguna vez, una persona muy cercana me lo enseñó. Le estaba platicando sobre la situación de alguien más y me dijo:
«Debería hacer tal o cual cosa».
Y yo le contesté:
«No le pidas a alguien que aprenda a nadar cuando se está ahogando».
Y me respondió:
«¿Y qué quieres? ¿Que nade por ella?».
No sé si me dolió más la respuesta o sentir que tenía razón, porque tampoco podemos hacer las cosas por los demás. Solo no dejes que se ahogue. A nadar se aprende nadando.
La solución no está en el «deberías haber hecho o dicho», el «te dije» o el «agradece que».
En el momento lo que importa es solucionar lo que está sucediendo y vivir el dolor que causa. Ya después que se le pase el ratito de dolor, le das la receta mágica y la solución. Durante ese momento no. Porque si hay que aprender del error, por supuesto. Aunque ese sería otro escrito larguísimo sobre cómo la vida nos repite la lección si no la aprendemos.
Creo que yo tengo déficit de atención, porque qué ganas de la vida de repetirme la lección.
Antes de irme, hoy quiero hacerte una petición: que seamos un poco más empáticos.
No digo que aceptemos a alguien que todos los días se queja de lo mismo; yo, por ejemplo, estoy harta de estar harta. Pero darle cinco minutos de atención a su dolor no significa que toda la vida será igual.
Y creo que escucharlo es también una de las mejores maneras de ayudarle a salir de donde está.
Así que la próxima vez que alguien te diga que se siente mal, no le digas que se sienta bien o que tiene mucho que agradecer.
Porque quizá lo único que necesita son cinco minutos. Te prometo que, aunque no salga con una solución, por lo menos se habrá desahogado. Y ahí habrás hecho muchísimo más que decirle que agradezca por su vida o por lo que sí tiene.
Mañana las cosas serán diferentes. Quizá con el tiempo logremos entender lo que hoy nos duele. Pero no siempre necesitamos que alguien nos explique cómo salir adelante.
A veces, solo necesitamos que nos escuchen.
Porque hay cosas que no dejan de doler porque alguien nos recuerde que tenemos mucho que agradecer.
Y es que, por más que nos digan que todo va a estar bien, a veces, simplemente, está doliendo ahorita. 🤍
Por si lo ocupas, te dejo un abrazo grande, de esos que pegan los pedacitos que se nos están rompiendo.
Con cariño
María 📚✨🤍🍀🕯️
Deja una respuesta