
Cambiar tu perspectiva puede ser la magia que convierte tu vida en una obra de arte.
Perspectiva no es solo una palabra que me ha acompañado en las últimas semanas, como el nombre del proyecto de conversaciones y entrevistas que he estado construyendo — y que me ha permitido darle vida a cosas increíbles y conocer personas extraordinarias.
También se ha convertido en una nueva forma de mirar la vida.
Es entender que darte la oportunidad de ver de otra manera el mundo es abrir la posibilidad a un universo completo.
Cuando nos abrimos a otras perspectivas, no solo aprendemos: transformamos nuestra propia historia.
Y a veces, sin darnos cuenta, también el mundo de alguien más.
Cambiar de perspectiva no es sencillo, aunque sí puede ser profundamente enriquecedor.
Y se puede cambiar de muchas formas, una de las primeras es aprender a ser nosotros mismos. Darnos la oportunidad de sentir, de vivir nuestras emociones y dejarlas pasar, incluso darle la bienvenida al enojo, para que se quede el menor tiempo posible. Sentirlas, revisarlas, dejarlas ir, para que hagan el menor daño posible… o el mayor bien.
Otra, que a mí me ayudó mucho es quitándole el ME a todo.
Me dijo.
Me hizo.
Me ofendió.
No.
Las personas no me hacen. Las personas hacen cosas, reaccionan, toman decisiones. Y casi nunca tiene que ver con nosotros. Cuando comenzamos a quitar el ME, podemos observar a los demás con un poco más de claridad. Y desde ahí puedes decidir si quieres estar cerca de una persona que actúa así.
Una persona no me grita.
Grita.
Una persona no me ofende.
Ofende.
Una persona no me decepciona.
No cumple sus promesas.
Necesitamos ver a las personas tal cual son y respetarlas desde esa punto. Porque no es que seamos bipolares o cambiantes, es que simplemente reaccionamos a la situación. Por ejemplo, quizá todos conocemos a alguien que, en ciertos momentos, se transforma. Se vuelve más seguro, más claro, casi una mejor versión de sí mismo.
Y que, con el paso de los días, vuelve a ser esa versión de siempre, esa en la que ya no confías del todo.
A mí también me costó aprender a ver esas dos versiones sin quedarme solo con la que más me gustaba. Durante mucho tiempo juzgué a las personas con un peso demasiado alto y un criterio demasiado estricto.
Si alguien era bueno, casi lo santificaba. El problema era cuando ya no se comportaba con la imagen que yo había creado. En ese momento me rompía el corazón o yo lo desaparecía de mi vida
Y de verdad, no hay ofensa ni daño mayor que cargar a alguien con una imagen de perfección que ni tiene ni debería tener.
Ahora prefiero quedarme con las dos versiones. Ver a la persona completa, no solamente la que más me conviene creer. Y desde ahí decidir qué tan cerca quiero estar.
Otra buena forma de cambiar de perspectiva: es dejar de preguntarnos quién tiene la razón y empezar a preguntarnos qué podemos aprender de lo que estamos viendo.
Porque cuando dejamos de necesitar que nuestra versión sea la única correcta, algo cambia.
Ya no tenemos que defender cada emoción, justificar cada decisión ni convertir cada desacuerdo en una batalla.
Podemos simplemente observar. Y observar también es una forma de aprender.
Por eso hoy, además de que Perspectiva es una de mis palabras favoritas, también lo es «a veces».
—Eres buena, María.
—¡A veces!
Intento que sea la mayoría de las veces, pero no siempre es así. Y ya no trato de serlo siempre.
Lo que procuro es que las veces que no lo soy no afecten tanto a terceros.
Y sin darme cuenta, ese mismo ejercicio – aceptarme a veces, no siempre – se volvió parte de lo que Perspectiva significa para mí. Ahí es donde dejó de ser solamente un proyecto de entrevistas para convertirse en algo más personal.
Me ha regalado conversaciones que me han hecho pensar, personas extraordinarias que de otra manera no habría conocido, momentos que me han removido cosas por dentro y, sobre todo, la oportunidad de escuchar historias distintas a la mía.
Mientras intentaba abrir un espacio para que otros compartieran su perspectiva, terminé descubriendo que yo también necesitaba cambiar algunas de las mías. Y eso ha sido lo más bonito de este proyecto: que mientras creía estar construyendo Perspectiva para los demás, también la estaba construyendo dentro de mí.
Y quizá esa es la verdadera perspectiva: no la de mirar hacia afuera, sino la de animarte a mirar hacia adentro.
Cambiar de perspectiva no significa estar peleado con tu esencia ni convertirte en otra persona. Es entender que todos podemos mirar lo mismo y sentir diferente.
Es aceptar que muchas veces no estamos viendo la historia completa y que no podemos juzgar la reacción de alguien solamente desde nuestro lugar.
Entender que existen otras formas de ver la vida, no significa pensar como el otro. Ni tampoco perdonar, justificar o aceptar todo.
Significa preguntarnos:
¿Qué parte de la historia no estoy viendo por estar mirándola únicamente desde mi lugar?
Porque quizá cambiar de perspectiva no siempre cambia lo que ocurrió. Pero sí puede cambiar la historia que nos contamos sobre lo ocurrido.
Y tal vez la vida se vuelve un poquito más grande cuando, de vez en cuando, tenemos el valor de movernos de lugar…
aunque sea solamente para mirar desde otra Perspectiva.
Con cariño…
María 📚❤️🍀✨🕯️
Perspectiva-charlas 🎧🎙️🎥. (Aquí encontrarás el canal de Youtube)
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