
“Si ayudo a una sola persona a tener esperanza no habré vivido en vano.”
Martin Luther King Jr.
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- No estás deprimida, estás distraída.
- Agarra una escoba y verás cómo se te quita la depresión.
- ¿Qué es eso de que estás deprimida? Solo te falta fe.
- No estás deprimida, es que te falta ponerte las pilas.
- ¿Cómo vas a estar deprimida? Agradece lo que tienes.
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Esas frases las escuché más ocasiones de las que hubiera querido.
Y así de duro suena, en algunas ocasiones, el famoso “échale ganas” que varios hemos usado para tratar de “motivar” a los demás, o que simplemente usamos para describir algo que no entendemos, aunque, curiosamente, quizá nosotros mismos hemos sentido.
La depresión, al igual que muchos temas en la actualidad, se ha vuelto una situación compleja.
Hay quien no la menciona por miedo a ser juzgado y hay quien, cuando lleva mucho tiempo viviendo con ella, puede llegar a sentir que ya no sabe cómo salir de ahí.
Y no, no es tan sencillo como abrir una puerta e irte.
Pero sí se puede pedir ayuda. Sí se puede buscar una salida. Y, muchas veces, esa salida empieza por poder decir: “No estoy bien.”
Desafortunadamente, hoy las redes sociales y los ambientes donde nos movemos nos han exigido —o nos hemos exigido— ser exitosos, inteligentes, casi perfectos, tal como se ve ahí.
Las vidas perfectas que vemos en redes sociales como Instagram, o laborales como LinkedIn, en vez de verlas como motivación o como lo que son —perfiles creados para mostrar una parte de la realidad—, empiezan a generarnos una sobreexigencia que puede volverse peligrosa.
Así que hoy quiero hablar de eso: de la depresión, de la salud mental y de todo lo que se genera alrededor de ello.
En septiembre, y especialmente el 10 de septiembre, es el Día Mundial para la Prevención del Suicidio, para poner especial atención en un tema del que necesitamos hablar.
Porque hablar del suicidio no significa incitar a nadie a realizarlo.
Hablarlo permite que muchas personas puedan ponerle palabras a sus miedos, sus dolores y sus necesidades.
Nos permite mirar desde otra perspectiva lo que estamos viviendo y, sobre todo, encontrar caminos para pedir ayuda.
Trabajar con la salud mental debe ser prioritario.
Actualmente se están abriendo foros, terapias y organismos que ayudan con estos temas y a los cuales podemos acercarnos.
Punto importante: debemos acudir a personas que sean profesionales, que ayuden, pero sobre todo, que sepan cómo hacerlo.
Pero hay algo que todos sí podemos hacer.
Darle al otro todo lo bueno que podamos.
Sí. Aunque pareciera que no importa, todas las veces que nos guardamos un cumplido, una frase linda o un reconocimiento, tal vez nos estamos guardando una pequeña llave que podría ayudar a alguien a abrir esa puerta que tanto está buscando cruzar.
A mí me gusta creer que lo bueno que nosotros tenemos que decir de otra persona no nos pertenece.
Le pertenece a esa persona.
Y si nos lo quedamos, es como si estuviéramos robando algo que es de alguien más.
Les daré un ejemplo.
Una de mis tías ha estado enfermita, un tema serio. A ella le gusta una agrupación musical, de la cual conozco a uno de sus integrantes.
No somos amigos, pero sí tengo la confianza de pedirle que grabara un mensaje para echarle porras. Después de varios intentos, me lo mandó.
Y eso hizo que mi tía se alegrara y se emocionara. No diré que con eso se aliviara, ni mucho menos.
Pero lo que a ellos les tomó grabar un video de un minuto fue nada comparado con la emoción y el gusto con el que lo recibió mi tía.
Si nos diéramos cuenta de todo el bien que podemos hacer con detalles tan sencillos como:
“Qué bien te ves.”
“Qué guapa estás hoy.”
“Qué bien te quedó tal cosa.”
“Qué buena tu idea.”
“Me gusta mucho lo que haces.”
nos daríamos cuenta de que podemos fortalecer a otra persona y, quizá, hacerle el día un poquito mejor.
Otro ejemplo me lo dio mi madre.
Mi prima estaba de cumpleaños hace unos meses y su frase de felicitación fue:
“Tú tenías que nacer, le hacías falta a este mundo.”
Cuando la escuché, hasta yo sentí bonito. Porque es verdad.
Todos, aunque no lo creamos, le hacemos falta a este mundo.
Tal vez nunca sepamos a quién ayudamos con una palabra, una llamada, un mensaje, una sonrisa o un simple:
“Qué bueno que estás aquí.”
Así que, por favor, si tienes algo bueno que decir, no te lo guardes.
Nunca sabes cuándo una palabra tuya pueda cambiar una historia.
Además, diría una frase religiosa:
Lo que sale de tu boca, sale de tu corazón.
Así que seamos fuente de bondad.
Enfoquémonos en que lo que digamos vaya cargado de cosas buenas, de aquello que decidimos aportar al mundo y de quienes decidimos ser.
Porque no somos buenos ni malos; somos personas que decidimos hacer cosas buenas o malas.
Así que elijamos la bondad, antes de que se nos olvide que existe.
Y no lo olvides: aunque no lo creamos, todos tenemos un lugar en este mundo. Todos somos importantes.
Por favor, si ocupas ayuda, búscala. Pedirla no te hace débil; al contrario, es de valientes hacerlo.
Y recuerda algo que quizá hoy necesitas escuchar:
Le haces falta a este mundo. ❤️
Con cariño,
María 🤍
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